Monday, February 27, 2012

La fuerza de la razón


Vaya por delante que en las últimas elecciones generales no voté al PP, ni a ningún otro de esos partidos considerados de “derecha”. Lo digo porque la opinión pública es hoy más sensible a la tendencia ideológica de quien habla que a la razón de sus afirmaciones. No puedo votar a los que tan penosamente han hecho oposición a Gobierno tan lamentable como el de la anterior legislatura (a sus logros me remito).
No pretendo reivindicar nada en favor de nadie. Como mero espectador de lo que ha ido sucediendo en España en las últimas semanas, me limito a referir algunas curiosidades que me han llamado la atención y me han sugerido algún pensamiento.
Me voy hasta Valencia. Unos indignados alumnos de instituto de enseñanza media protestan cortando ilegalmente la vía pública. Carga policial, como reacción institucional de dureza más que discutible, según las imágenes que abundan en la red. ¿Víctimas? Los ciudadanos perjudicados por los que delinquen, por supuesto. Por supuesto que no. El mester de progresía arremete contra el Cuerpo Nacional de Policía y  contra la Subdelegación del Gobierno por coartar la libertad de expresar pacíficamente las propias ideas. ¿Y eso? Es que llevaban pancartas. En España, si llevas una pancarta, cualquier delito se debe considerar un acto de la legítima libertad de expresión. Por ejemplo atracar una oficina bancaria a punta de pistola, pero en lugar de con una media al uso enfundando la cabeza, con una palestina al cuello y una pancarta que reivindique los derechos sociales frente al capitalismo imperante. Siempre con una K de kilo o una viñeta denigrante.
Y bien, ¿qué expresaban libremente hasta ser reprimidos en sus derechos los que cortaron la vía pública? Pues no sé qué de recortes en educación. ¡Oh, paradoja! se quejan de recortes en educación aquellos mismos que no hacen otra cosa -en perjuicio de la calidad de enseñanza- que propiciar tijeretazos salvajes al horario de estudio. No es menester el dinero para adquirir conocimiento, sino ponerse delante de un libro y dedicar horas a la ardua tarea de estudiar. Lo que no hacían los pancarteros de Valencia, al menos esa tarde y las siguientes. Conozco sabios que no tenían más recursos que un libro, ni pizarras digitales en la escuela.
Y hablando de pancartas… ¿Cuánto dinero de las ayudas públicas destinarán los sindicatos a la financiación de sus pancartas, pegatinas, cabeceras de movilizaciones, carteles propagandísticos…? Parece que salen a millares cada día. No entiendo por qué hay que ayudar con el dinero de todos a que esos señores derrochen ideología barata (barata la ideología, no la imprenta).
Pues he observado eso; y también las movilizaciones que han tenido lugar o anuncian que tendrán lugar (con un mensaje apocalíptico que hace evocar a los jinetes funestos del fin de los tiempos) contra la reforma laboral que ha diseñado el Gobierno. Reforma al margen de los sindicatos, eso dicen aquellos a los que se les ofreció llegar a un acuerdo con la patronal. La reforma laboral la tuvo que realizar el Gobierno, dada la cerril capacidad de negociación de los sindicatos (oportunidad despreciada, que supone una muestra más de la incoherencia, si no de la inutilidad, de los que ahora quieren que se les tenga en cuenta).
Sí, observo movilizaciones, pequeñas movilizaciones en comparación con las millonarias manifestaciones en contra de las primeras iniciativas del anterior Gobierno, sí, el de Zp, ese que negó la crisis, y al que –con Rubalcaba en la sombra- se le fue la situación de las manos, por incapacidad manifiesta y conocida de todos. Sí, las manifestaciones a favor de la familia (foto arriba), en contra de la LOE y la Educación para la ciudadanía, las revueltas de los astilleros de Cádiz, las de los ciudadanos que pedían que el Archivo de Salamanca no fuese trasladado a Cataluña, la de la AVT… con más o menos razón, esas manifestaciones se realizaron, y ganaron por goleada en número y comportamiento (o ciudadanía) a los que ahora se movilizan con agresivos exabruptos. Aprovechar, pues, los afines al PSOE estas agitaciones como argumento político, es un arma de doble filo, que hiere más en este caso a quien la empuña que a quien se dirige.
Yo no soy un experto en economía, imagino que igual que casi ningún español de los que opinan en todos los medios posibles. Lo que sí sé es leer, y me consta que lo que se ha publicado en referencia a la reforma laboral, no es lo que se ha llamado “abaratamiento del despido”, solamente, sino otras muchas medidas. Que insisto, no sé si serán mejores o peores, pues no sé de economía, y a la vista está que de lo que dicen los sindicatos (UGT y CCOO) y el partido socialista no se puede uno fiar demasiado para determinar esa maldad o bonanza, pues hay sospecha o algo más acerca de sus intereses únicamente políticos. Quizá este fenómeno de manipular y sesgar la realidad se deba a otro recorte ya señalado, el de las horas de estudio, que imposibilitan al ciudadano leer y comprender, y por tanto le hace vulnerable a las artimañas de unos cuantos que pretenden arañar cuatro votos o proteger sus privilegios de “liberados”.
Lo último que he observado y esto sí que me da miedo, es que los partidos políticos de la democracia (ese sistema que se valore como se valore ha llevado a España al mayor bienestar de su historia) se rebelen contra sus instituciones y sus vías institucionales. Me refiero a la toma de postura que han tenido, concretamente, en contra de la sentencia a Garzón, el pataleo en Andalucía contra la juez que instruye el escándalo de los ERE (Griñán se queja de que coincida la acción judicial con las elecciones, como si encima de robar tuvieran que decidir cuándo se les puede pillar y cuándo no), el apoyo a manifestaciones ilegales, las opiniones contra la sentencia del caso Marta del Castillo… La razón de la ley y del derecho queda sometida por estos partidos -y cada vez más por la opinión pública- a los cambiantes vientos del sentir de una masa orientada interesadamente por quienes deberían defender y respetar la actividad del poder judicial, cuando no hay razones procesales objetivas para opinar en contra. Esto me da más miedo que la admisión de la izquierda abertzale en el Congreso de los Diputados. Sin embargo, eso que en su día fue más escandaloso en las conciencias de algunos (cuando algunos incluye a las víctimas del terrorismo), la llamada “izquierda”, que ahora no hace más que quejarse, calló con un silencio complaciente, o bien se manifestó satisfecha por lo dictaminado por el Tribunal Constitucional.
Incoherencias y contradicciones que me dejan, como ciudadano, bastante desorientado a la hora de emitir un juicio bienintencionado acerca de la función pública de los políticos, de uno y otro lado, que se supone que buscan el bien de la nación y no el propio.

Tuesday, August 23, 2011

Laicismo



Esta imagen es un símbolo de la decadencia de una ideología cuyo alto contenido de irracionalidad, fanatismo, odio, rencor y náusea parece que ya solo puede producir el vómito y el exabrupto de quien la ha consumido.
Triste imagen... ¡Y pensar que son esos rostros desencajados los que se quieren presentar como modelo de persona!
Prefiero mil veces esta otra imagen, una imagen de tantas, en la que un número de personas que quintuplica el número de habitantes de una ciudad como Granada, ha mostrado cariño hacia los demás, acogida, solidaridad y alegría.
Sobran las palabras, pero vean y juzguen qué modelo es preferible, el del laicismo o el de la religión.


Desde luego la hospitalidad laicista ha dejado mucho que desear. Han confundido las obras de misericordia y han trastocado aquella de "dar posada al peregrino" por "dar por saco al peregrino". Hay quien no se da cuenta de que las piedras que derrumban el tejado de su casa no son las que lanza su enemigo imaginario, sino las que ellos mismos arrojan desde su ventana intentando eliminarlo. Con su actitud, el laicismo ha evidenciado que su furia no ha sido más que una reacción alérgica a la figura del Santo Padre, que propone un modelo de vida que le produce mucha rabia: la rabia de oír que haya quien lo predique y  la rabia de ver que haya quienes lo vivan... Por algo será.
Les recomiendo echar un vistazo al estupendo reportaje fotográfico del periodista Ismael Martínez
http://www.opusdei.es/art.php?p=45075


Wednesday, July 27, 2011

Etiquetas




La tragedia que ha ocurrido en Oslo hace unos días ha desatado torrencialmente esa capacidad humana que tenemos muy desarrollada en Occidente de clasificar y racionalizar las cosas, acontecimientos o personas.
En el mismo día, aún en medio de un caos informativo y con la sangre de las víctimas todavía caliente, vertiéndose en las aguas colindantes a la isla de Utoya o por el alcantarillado del centro de la capital noruega, en ese mismo día, ya estaba iniciada la guerra de etiquetas para colocar a la espalda del asesino. Neonazi, fundamentalista cristiano, masón, islamófobo, derechista radical… ¡Qué importante es para la prensa, la política y la opinión pública encontrar etiquetas con las que clasificar incluso lo que carece de razón!
Encuentro en el mismo día una etiqueta para excusarse y eximirse de la causa de las miles de personas que pasan hambre en Somalia: indiferencia. Desde hace meses manoseamos otra etiqueta para un grupo de individuos que se manifiestan en la calle: indignados. Estas etiquetas banalizan la esencia de aquello de donde cuelgan, porque lo simplifican o lo condenan al olvido de una estantería como se hace con un bichejo en un bote de formol, eso sí, con su etiqueta. O bien banalizan el significado de la palabra al asociarla a algo que manipula su significado. Poner la etiqueta es a lo que aspira un coleccionista de observaciones, no un científico. Para el científico identificar es el paso inicial, para el aficionado es el objetivo.
El hombre civilizado necesita poner un nombre a todo para sentirse dominador. Hoy, en julio de 2011, necesitamos palabras que enjuicien y definan claramente lo que nos rodea, como Adán y Eva tuvieron que nombrar cada animal y cada planta para saberse señores de la creación. El lenguaje verbal sigue teniendo un poderoso poder, casi mágico, necesario para aumentar la sensación de seguridad de quien lo usa. Por mucho que se hable del relativismo, de la posmodernidad, de la desestructuración del lenguaje, el hombre del siglo veintiuno sigue necesitando llamar al pan pan y al vino vino, o al menos engañarse llamando al pan vino y al vino pan. Lo importante es que la etiqueta sea mínimamente convincente para acallar la eterna pregunta: ¿por qué?
Cada vez nos gusta menos pensar, aunque se nos llene la boca al hablar de progreso. Pensar es peligroso, porque es intentar llegar al fondo de las cuestiones y nos puede poner ante los ojos que el mal existe, y que contiene una inquietante solidaridad de la que no estamos exentos ninguno de nosotros y que no dominamos. Poner etiquetas es como poner tierra de por medio entre el que etiqueta y lo etiquetado. Es el abortivo de un proceso de autocrítica. Ante el miedo a la verdad existe un remedio rápido y fulminante a corto plazo: la imposición de la etiqueta por consenso. ¿Cómo etiquetar esta acción casi instintiva? ¿Cobardía? ¿Incoherencia? No sé cuántos iniciarán una somatizante búsqueda de etiqueta para este nuevo fenómeno que he descrito, pero cuando la encuentren el problema se habrá quedado sin solucionar en algún bote de formol de la conciencia colectiva. Y al final acabamos pensando, como al principio de los tiempos, que las cosas pasan porque son así: neonazis, indiferentes o indignadas. Punto.

Saturday, March 26, 2011

Encontrarás dragones

Ayer vi en el cine una película como hace tiempo que no veía ninguna. Se trata de una película sabia: una de esas películas que hay que ver una vez y que después hay que dejarla madurar en el pensamiento y en el corazón, hasta que su mensaje decida crecer en nuestro interior. Una película que enseña a vivir.
Es una película que algunos atribuyen al Opus Dei, otros dicen que va sobre el Opus Dei, otros sobre san Josemaría… que cada cual diga lo que le plazca. Yo digo que es una película muy bien hecha, con una técnica muy cuidada en cuanto a los planos, la fotografía, la ambientación y decorados, el vestuario, el ritmo… alcanzando momentos quizá poéticos. Una película que no aspira a recrear con la acción del argumento, sino a deleitar el alma con la profundidad de su mensaje.
Véanla y descubrirán un universo simbólico, un escaparate de la condición psicológica humana, un retrato del abismo interior que todos llevamos dentro y al que de vez en cuando nos asomamos, con extraña inquietud, para descubrir el vértigo que produce la altura de nuestra naturaleza y a la vez su bajeza. Para descubrir dragones, pero también ángeles.
En cualquier caso, una película que asombra porque reivindica el perdón, la esperanza de la reconciliación, la posibilidad de la redención. La manera en que nuestras acciones libres pueden salvar o perder vidas, elevarlas o hundirlas.
Sí, san Josemaría es un reclamo morboso para sus detractores, también la guerra civil del 36, pero lo primero no es más que un contrapunto (ficticio, todo sea dicho, puesto que ese personaje no es el san Josemaría real) de la historia principal; y lo segundo un marco circunstancial donde desplegar la tesis de su autor, sin pretensiones históricas, aunque muy logrado artísticamente y, a mi parecer, respetuoso con la sensibilidad actual hacia las facciones de la contienda.
Por todo ello, una película que merece la pena, siempre y cuando no se vaya a verla con pretensiones espectaculares, sino como lo que es, una película de autor, una obra de arte para reflexionar, de esa forma que sólo la estética consigue, acerca de nosotros mismos. 

Wednesday, March 16, 2011

Granada Laica. Argumentos contra la Iglesia





Resulta cuanto menos llamativo, por no decir anacrónico, que en la España democrática del siglo XXI existan aún asociaciones denominadas laicistas, como es el caso de Granada Laica. El laicismo es por definición algo contrario a los fundamentos del orden democrático, ya que se define como una “doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa” (véase DRAE). Es decir, se trata de una doctrina, y como tal, pretender imponerla al conjunto de toda la sociedad, sería un totalitarismo, ajeno, pues a todo lo que se afirme democrático.
Por otro lado, pretender que por fuerza, el hombre o la sociedad sea independiente de cualquier organización o confesión religiosa, atenta claramente contra la libertad de conciencia, o si se prefiere, contra la libertad de las conciencias. Ni el Estado, que en una democracia es el pueblo, ni facción alguna dentro de ese pueblo, pueden intentar independizar al hombre de aquello en lo que en conciencia cree.
Este sutil jacobinismo, sin embargo, es visto con buenos ojos por una amplia muestra de demócratas. ¿Y cómo es posible ser demócrata y no tolerar expresiones religiosas públicas? No es posible. Pero como lo que el laicismo promueve encaja con la opinión pública, es decir, con lo políticamente correcto (ni más ni menos que lo que una minoría de personas organizadas en torno a los medios de comunicación promulga, señalando con efectos de luz y sonido lo que se debe y no se debe hacer), esta contradicción pasa con frecuencia inadvertida.
Cosa más difícil es saber argumentar de modo correcto estas reaccionarias ideas laicistas (reaccionarias puesto que reaccionan contra la expresión religiosa de los individuos y grupos humanos, algo presente en el ser humano desde antes incluso que las pinturas de Atapuerca, como se deduce de las imágenes rituales y el sentido sagrado de los enterramientos), si bien es verdad que no hacen falta, a efectos prácticos, muchos argumentos cuando se dice lo que la gente espera oír. Aún no he encontrado, por ejemplo, un argumento creíble para la supuesta neutralidad ideológica del laicismo. El laicismo no adopta una postura neutral por mucho que lo propaguen los que están en el poder endogámico de la universidad y la prensa. Se posiciona claramente en contra de algo. En contra. Eso no es neutralidad, se mire como se mire.
En concreto, me disponía hablar en este artículo de la asociación Granada Laica, un intento de eliminar todo lo que suene a Iglesia Católica en esta provincia. No digo que quiera eliminar –como dice el laicismo- la vinculación de los hombres con la religión, sino con la religión católica. Y a la página web www.laicismo.es me remito. Toda su actividad, como ahí se lee, se dirige hacia la Iglesia Católica. Básicamente en torno a tres cuestiones: los crucifijos en los lugares públicos (algo más que opinable y casi más cultural que religioso propiamente), la enseñanza de la religión en la escuela (algo que en una sociedad libre corresponde elegir a los padres, por derecho, no al Estado) y la financiación de la Iglesia en España (tema farragoso, donde se hunden hasta las cejas, puesto que al basarse en datos cuantificables y objetivos se vuelve contra ellos mismos, pues si algo no se puede criticar de la Iglesia, precisamente en estos tiempos de corrupción, es el ahorro y riqueza que de modo desinteresado produce en el Estado, véase http://blogs.que.es/8359/2008/6/24/dinero-la-iglesia-espanola-mitos-2).
Si la Iglesia desapareciera hoy de Granada, se perdería gran parte del turismo que visita templos, catedrales, museos, y nuestra Semana Santa, la procesión del Corpus Christi, etc. El turismo, no lo olviden, es la principal fuente de ingresos de esta ciudad. Si la Iglesia desapareciera hoy de Granada habría que incrementar el gasto en la escuela pública hasta equiparar el sueldo de los profesores de colegios privados y concertados al de los funcionarios de la escuela pública. Además el Estado debería pagar lo que ahora se financia de modo privado: la mitad de la escolarización. Habría que crear nuevos centros de acogida, asilos, comedores sociales y una gran cantidad de centros de servicios sociales por el estilo.
Por otro lado, si la Iglesia no hubiera estado nunca en Granada, no existiría la Universidad donde Granada Laica acaba de introducir una sucursal. No al menos una universidad tolerante de inspiración cristiana, ahora un poco menos tolerante por la inscripción de asociaciones antidemocráticas como UGR Laica (esperemos que no sean tan tolerantes y democráticos como las feministas profanadoras de Somosaguas de la Asociación Contrapoder o los grupos de jóvenes que irrumpieron violentamente un acto litúrgico en la capilla de la Universidad de Barcelona). Quizá si la Iglesia no hubiera estado nunca en Granada su universidad gozaría de la libertad de expresión propia de una madraza islámica, donde a buen seguro hubieran podido inscribir su asociación.
En fin, yo soy católico, lo digo públicamente y soy estudiante de la Universidad de Granada. Y ahí y en donde esté, voy a seguir siendo católico y lo que diga será católico, porque este Estado es democrático y nadie puede  venir a decirme lo que tengo que creer, precisamente porque el Estado en el que vivo es democrático y aconfesional.