Monday, March 24, 2008

Perros pudientes


No dejo de quedarme perplejo cuando salgo a la calle y veo a mi vecino, un hombre de edad muy cierta –cincuentón- con su elegante barba blanca y su fisonomía baja de tórax, paseando a su perrito que llena la calle de diminutas, pero incómodas cagarrutas, haciendo de la acera un peligroso campo de minas. Y mi perplejidad no procede del hecho de que en pleno 2008 haya aún mamíferos cagándose por las calles impunemente, sino porque ese perrito, sin duda, vive mejor que millones de seres humanos.

Ese perrito, que pasará por esta vida sin más pena ni gloria, con su tutú y su agradable abriguito o rebeca de lana -lujos y coqueterías que nunca podrá agradecer porque ni siquiera es consciente de que sea un lujo-, come todos los días cuando tiene hambre y tiene un cómodo lecho donde recostar sus cuerpo mimado por los tratamientos de la moderna veterinaria y por las delicadas peluquerías caninas.

Tantas personas se mueren hoy de hambre y de enfermedades incurables, pasan frío, carecen de los medios de higiene personal más básica… sin embargo en un periódico tan objetivo como La Razón me encuentro fortuitamente con un reportaje fotográfico sobre el acoso que los perros sufren en China. Sin duda, en poco tiempo, zúper Z (p, se entiende) pondrá en marcha una ley que respete el derecho de las mascotas a una vida más digna, algo que ya propuso el proyecto Gran Simio.

Si los ecologistas amaran tanto al ser humano como a las mascotas podrían suceder dos cosas: la primera que se crease un protocolo como el de Kyoto que diese prioridad a las condiciones mínimas que los distintos países deben respetar para que el hombre, esté donde esté, alcance un desarrollo equilibrado; o bien, la segunda: que cayese con su verborrea en el olvido o en el lugar que ocupan los marginados que defienden la dignidad de la vida del ser humano desde que se genera su vida hasta que se extingue.

Wednesday, February 13, 2008

El legado de la tradición


A lo largo de la historia el ser humano ha ido aprendiendo y descubriendo qué conductas son adecuadas para adaptar el entorno a sus necesidades y para no equivocarse al hacer uso de su libertad. Para ello ha hecho la selección de aquellas conductas que ha comprobado que son beneficiosas y ha descartado aquellas otras cuya experiencia habría sido negativa, alimentando así un legado común que se ha transmitido de generación en generación, de padres a hijos, familiarmente, al que denominamos cultura.

La cultura, originariamente transmitida de modo oral debido al reducido número de individuos que conformaban las primitivas comunidades humanas, así como por sus escasos contenidos, fue paulatinamente conservándose en documentos escritos a causa del crecimiento de conocimientos –tantos, que peligraba su conservación en la simple memoria- y del aumento de la población. Así comenzó la Historia.

Referida a cualquier aspecto relacionado con el modo de desarrollar la vida humana (gastronomía, agricultura, ganadería, industria, etc.), la cultura alcanza su más profunda sabiduría, no en el aspecto técnico, sino en aquello que el hombre aprecia por encima de cualquier otra cosa: la consecución de la felicidad. El camino del hombre hacia la felicidad no es nada fácil, bastaría observar la cantidad de gente que no ha logrado ser feliz. En parte este camino no es fácil, porque se encuentra lleno de bifurcaciones a causa de esa característica del ser humano que es la libertad.

La cultura ha acumulado y transmitido unas reglas morales, antes asentidas como de sentido común, por ser común –universal- su reconocimiento, reglas que orientan la elección de la libertad. Muchos hombres y mujeres han comprometido su vida –a veces hasta la muerte- por descubrirlas y conservarlas en beneficio de las generaciones futuras.

Ninguna función debería ser más importante en una sociedad que la de conservar, aprender a interpretar y transmitir su legado cultural –la tradición- que dejaron sus antepasados más o menos directos. Precisamente se ha de cuidar mucho, pues gracias a este acopio de saberes prácticos y teóricos, la sociedad encuentra un peldaño desde el que tomar impulso para seguir creciendo y conoce, sin tener que probarla, cuál es la piedra en la que puede tropezar y cuáles son los daños que produce esa caída.

¿Dónde está la cultura de nuestra sociedad de hoy? ¿Dónde se conserva? Sin duda en las familias, donde se transmite de modo espontáneo y duradero, con la fuerza del prestigio moral, los conocimientos fundamentales para la supervivencia y los criterios para no ser desdichados en nuestras elecciones. Y en los libros, donde se escribe todo aquello relacionado con lo que otros ya han vivido (Historia), ya han pensado (Filosofía), o ya han sentido (Arte, Literatura...). Evidentemente, reconocer lo que otros nos enseñan exige un cierto grado de confianza y de humildad. Sin embargo, cuando el legado ha sido donado por gente de fiar, hasta el punto de haber dado su vida por conservarlo (tantos padres y madres de familia, militares, investigadores, mártires y santos, etc.) rechazar su doctrina de plano o intentar comenzar de nuevo no tienen más explicación que la soberbia y un criticismo furibundo disfrazado de un falso espíritu crítico.

El que desdeña la tradición, desconfía. El que desdeña la tradición cae en la trampa de querer probar esa piedra en la que otros ya han caído.

En estos tiempos, parece que ser progresista es sinónimo de rechazar la tradición y luchar por su destrucción. La doctrina de siempre es etiquetada como moral de otros tiempos, y los clásicos son condenados al rincón de la erudición y el elitismo. Parece que la educación quiere prescindir de las humanidades, y la Filosofía y la Literatura son desplazadas por los conocimientos de índole técnica e instrumental, relacionado con el pensamiento lógico matemático. Un Gobierno que dirija al país por este camino lleva a la sociedad –bajo la bandera del progreso, curiosa paradoja- hacia su “deseducación” en el terreno del la moral y costumbres, es decir, en el aprendizaje de la buena elección el hombre volvería al origen de los tiempos, a una época donde todo conocimiento heredado habría sido olvidado, ocultado o destruido. No obstante, en esta nueva Edad de Piedra moral, el hombre contaría con los medios más ricos que la técnica humana haya jamás conocido, un instrumento esta nueva ciencia, que en manos de un ser como el nuevo hombre que se pretende, podría irremediablemente volverse contra su propio autor.

Me pregunto, pues, si no será este el momento de releer esos libros como Un mundo feliz de Huxley o el Fahrenheit 451 de Bradbury. Quizá estos libros conserven una enseñanza que aún nos podría ser de provecho en estos tiempos modernos.

Monday, February 04, 2008

Más de lo mismo


El PP ha hecho oposición a sus rivales en el Gobierno este fin de semana, diciendo básicamente que deje a la Iglesia en paz y que se dedique a hablar del tema que le interesa a los españoles, es decir, el paro y la economía. Y la verdad es que ya empiezo a estar cansado de “lo que quieren los españoles”, porque hace sentirme ajeno a esta nación de españoles que quieren cosas que no me incluyen ni por la derecha, ni por la izquierda, lo que me deja fuera de toda estadística fantasmal ya que nunca se dicen las fuentes de dichas querencias hispanas.

Por mi parte, como español, o como persona que ha nacido en España y que vive y vota precisamente en este país, claro que me interesa que se ataque a la Iglesia, y que algún barbado político diga que dejen los eclesiásticos de hacer ruido de sotanas, y que el Presidente de un Gobierno (es decir, un mero zoquete entre tantos) diga refiriéndose a la jerarquía de la Iglesia Católica, entre cuyos fieles me cuento, que sean unos radicales que buscan el oscurantismo y la moral de otros tiempos. Lo dice y se sonríe con esa pedazo de cara de zoquete, al que dan ganas de dirigirle esa regia frase de “¿por qué no te callas?” y hacemos así un ahorro energético de luz de televisión y no hay que malgastar las millones de hojas de papel que saldrán mañana de las rotativas periodísticas para recoger esa sandez.

No puedo más que protestar y manifestar mi enorme enfado por el insulto a la inteligencia que resulta el palabreo vacuo e indecente de quienes se arrogan el inquisitorial poder de señalar quiénes pueden hacer ruido y quiénes no en este país. Los católicos ya se ve que no, y menos con las sotanas. Sencillamente somos despreciados. Sí los nacionalistas, aunque su ruido sea el de las armas de fuego y el de la deflagración de amonal. Es más, se atreven a decir a quiénes representan los obispos, y deciden que solo a unos pocos católicos. Que la ignorancia es atrevida, ya lo dice el refrán, y no conocer que no se puede ser católico si no hay adhesión a la Jerarquía y al Papa, es una de esas gigantes ignorancias que resultan insultantes. La Iglesia y sus obispos –ciudadanos- tienen derecho a defender sus ideas y el PSOE se debe aguantar y en todo caso si se da por aludido intentar hacer autocrítica por si hay algo en lo que tenga que cambiar. Es muy arrogante pensar que se es perfecto y que por estar en el poder no se admiten fallos. Ya se sabe que es muy cómodo gobernar cuando todos dicen amén a lo que se plantea, pero no es el caso de la nación en la que se encuentran ¿o pensaban que iban a poder atar y desatar a su antojo sin que nadie diga nada? Lo siento pero ni la política es religión, ni los ciudadanos somos tontos.

Dejen ya de ocultar su tirria a la moral que defiende la vida y la integridad personal de ser humano y digan claramente que prefieren una España permisiva e individualista, y dejen ya de marear la perdiz diciendo lo que dicen o no dicen los ciudadanos o lo que deberían de decir y a quiénes representan los que dicen algo. Los ciudadanos dicen lo que dicen, lleven sotana o no, y el Gobierno tiene la obligación de atender la diversidad y aceptar que sean ya millones de personas las que salgan al paso de las ocurrencias caprichosas y oportunistas de este Gobierno en materia de educación, de familia, de economía, de moral pública, de terrorismo, de política territorial, de relaciones internacionales, o de ridículos internacionales, de gestión de comunicaciones y empresas energéticas, de memoria histórica, de IRPF caciquitas… Por favor, dejen de manipular a la opinión pública y digan la verdad, al menos por la honradez humana que predican.

Este sí es un auténtico interés de al menos un español de carne y hueso y que firma este artículo para que conste su autenticidad.

Thursday, January 24, 2008

Libertad religiosa


SEAS CREYENTE O NO, POR FAVOR , DIFUNDE ESTA NOTICIA SI ESTAS A FAVOR DE LA LIBERTAD.


La Generalidad de Cataluña está preparando un 'anteproyecto de ley sobre centros de culto o de reunión con fines religiosos', esto es, una LEY DE ACTIVIDADES RELIGIOSAS. El anteproyecto de Ley establece que para reunirse en un local 'con fines religiosos', el local necesitará una licencia. Y la licencia, la dará (o quitará) el ayuntamiento. Y esta licencia el ayuntamiento puede retirarla cuando quiera y a quien quiera.


Una vez aprobada esta ley cualquier alcalde puede cerrar cualquier parroquia por no disponer de licencia para realizar actividades religiosas. En Cataluña no se podrá abrir ninguna otra parroquia si el poder político no lo quiere. Más aún el poder político puede cerrar todas las parroquias que quiera no dándoles o no renovándoles la licencia. Pero las implicaciones no acaban aquí. Si una parroquia quiere tener licencia o quiere mantenerla o quiere renovarla el párroco no tendrá más remedio que someterse a las directrices ideológicas y morales señaladas por el poder político.


Pero aún más hay más, esta ley implica que la simple reunión en la calle, en un parque o en el campo para cantar canciones religiosas o para rezar o para realizar romerías o procesiones es un delito si no se dispone de la pertinente licencia para realizar esa actividad religiosa.


El anteproyecto de ley establece que para que un ayuntamiento permita una actividad religiosa el ayuntamiento tendrá en cuenta el criterio de 'proporcionalidad con la población del termino municipal'.


¿Qué significa esto? Que no se darán licencias o que se quitarán licencias en municipios que no tengan un segmento significativo de fieles con respecto a la población de ese municipio que justifique el desempeño de dicha actividad. Por este criterio muchísimas parroquias pueden ser cerradas en cuanto se publique la ley en el Boletín de la Generalidad. Incluso grandes centros de culto como el Monasterio de Montserrat y el Monasterio de Poblet podrían ser cerrados.


¿Qué significa todo esto? Que en Cataluña la persecución abierta contra el cristianismo y los cristianos está apunto de empezar otra vez. Este anteproyecto de Ley ha sido elaborado por la Dirección de Asuntos Religiosos de la Generalidad de Cataluña, que en última instancia depende de la vicepresidencia de Josep Lluís Carod-Rovira (de ERC).
Si no lo crees, busca en google "Libertad religiosa" y "Cataluña".

Sunday, January 20, 2008

Los restos del día

Magnífica novela la de Ishiguro, que se titula igual que este artículo. Sin duda una lectura aconsejable para cualquiera, por lo asequible de su redacción y por la amenidad del argumento. Es de las pocas novelas que me han gustado que me atrevería a recomendar sin conocer demasiado los gustos del lector en cuestión: no sólo por los motivos ya mencionados, sino porque incluso me parece educativo el modo en el que se encuentra escrita, lo cual no deja de ser llamativo teniendo en cuenta que se trata de una traducción al español desde el inglés.

Sobre esto último quería pararme para hacer una consideración. Tras apreciar este detalle acerca de la excelencia de la traducción, que definiría como la capacidad de aunar elegancia y sencillez, sin que el lector se de cuenta de ello, me pregunté quién sería el traductor que alcanzó tan alta maestría en el arte de las palabras. Pues para mi sorpresa -he de confesar que esperaba no encontrar en los créditos del libro mención ninguna a su artífice, como me ha pasado en tantos otros libros- aparecía: Ángel Luis Hernández Francés, al que no tengo el gusto de conocer y a quien no creo que conozcan la mayoría de lectores hispanos de esta gran obra literaria.

Es fastidioso el asunto. No sé si sabrán ustedes idiomas, o si se habrán parado a traducir algún documento sin que se pierda el sentido original, ni los matices más insignificantes. Si se han enfrentado a esta tarea se habrán dado cuenta de su dificultad. Súmenle a eso tener que darle estilo al conjunto de la traducción, para que no pierda valor literario y para que cada personaje tenga su carácter propio, idéntico al de la versión original.

Un trabajo de traducción de este tipo requiere mucho tiempo y esfuerzo, y si bien es verdad que el traductor al menos no tiene que hacer el esfuerzo creativo, el autor debe mucho a éste para el reconocimiento internacional de su obra.

La profesión del traductor es imprescindible, valiosa y oculta, como la del mayordomo protagonista de Los restos del día. Todos se benefician de su trabajo pero los aplausos son para el autor. Sin embargo bien nos acordamos del traductor cuando la traducción es deficiente. Se trata de uno de esos trabajos que no se aprecian si no por sus defectos. Desagradecida tarea. Pues aprovecho, simplemente, para agradecer a tan importantes profesionales su labor, gracias a la cual podemos los demás gozar del privilegio de leer muchos de los clásicos universales.