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Wednesday, January 22, 2014

Derecho de la mujer a decidir matar a otro u otra



Es probable que a más de uno le haya ocurrido lo que a mí antes de ponerme a escribir este texto: querer proporcionar el argumento definitivo e incuestionable sobre el asunto de marras. En esta ocasión, el aborto.
Sin embargo, es más que difícil hablar de determinados asuntos que se dicen “ideólogicos”, sin posicionar al lector, casi mecánicamente, a favor o en contra, y sin despertar ese “espíritu crítico” que todos tenemos, que más que intentar juzgar como  verdaderos o falsos los juicios del autor, se afana con cierta ansiedad en buscar aquella información , modo de decir, o lo que sea, que desnude el posicionamiento progre o reaccionario del narrador, para dejar de pensar y poder leer con tranquila simpatía o antipatía lo que resta del artículo.

En fin, yo les ahorraré esfuerzo; estoy en contra de toda ley que no prohíba taxativamente el aborto. Hala, a descansar la mente. Tampoco les daré el tal argumento definitivo. Lo siento.

Si aún continúan leyendo, díganme ¿quién duda en conciencia y sinceramente (después de haberlo pensado, claro está) de que la reproducción asistida (en tanto su aplicación supone el sacrificio de algunos embriones) y el aborto sean prácticas eugenésicas? Al fin y al cabo se trata de seleccionar quién vive y quién no, de manera arbitraria. ¿En qué nos diferenciamos, pues, de esos que seleccionaban a los individuos que debían existir y eliminaban al resto, esos nazis a los que ahora tanto aborrecemos? ¿Nosotros somos, quizá, mejores seleccionadores? ¿O tal vez nos merezcamos más que ellos el vivir con quien nos dé la gana? El hecho mismo de considerar una amenaza el nacimiento de un niño cuando toque, a parte de recordarnos ciertos relatos bíblicos como el de Herodes, dice mucho acerca de las motivaciones que mueven a una sociedad que se complace en definirse como moderna y democrática.

Sunday, February 20, 2011

El corazón de las tinieblas


Leo en un suplemento cultural un artículo sobre el papel de fumar y su función de mensajería clandestina en algún país del mundo árabe para evitar la censura comunicativa del Gobierno. En otro momento del mismo día escucho lo que relataba Víctor Hugo en Los Miserables, acerca de su protagonista, un hombre del siglo XIX llamado Jean Valjean, condenado a 19 años de cárcel por robar un pedazo de pan.
Imaginaba al escuchar esta última historia que para poder crear hoy una historia de argumento similar habría que inventarse un lugar ficticio donde semejante arbitrariedad pudiera ser creíble. No obstante, volví a pensar en esos países donde hace falta cifrar consignas en papel de fumar, o donde confesar una creencia religiosa distinta a la del Estado te puede llevar a la horca. No. Aún hoy existen lugares donde la historia de Valjean puede ser verosímil, donde la arbitrariedad del poder burla cualquier idea de justicia, equidad y sentido común.
Pensaba estas cosas cuando cayó en mis manos un artículo de un famoso periodista que realizaba la ya clásica demanda de un avance hacia el pasado, una paradoja del progresismo, que añora tiempos de libertad como los mencionados del siglo XIX, y que reivindica de modo melancólico la autenticidad del buen salvaje, de lugares no civilizados, de culturas no capitalistas… como las del papel de fumar. Sí, una idea de progresar un poco extraña. Hacia los episodios y lugares más oscuros de la humanidad. ¿Malditismo? ¿Inconformismo? Llámenlo como deseen, que yo deseo denominarlo contradicción.
La contradicción de ser progresista que anda por su casa, es decir, que añora una civilización donde el pueblo fuma a sus anchas y evade clandestinamente los tentáculos del poder gubernamental, sin moverse de la silla del bar donde degusta un café, tal vez con las piernas cruzadas y libre de humos. Es fácil añorar lo que no se ha vivido, la tragedia cuando no es la propia carne la que la vive. Un progreso hacia la oscuridad, hacia el corazón de las tinieblas –como ya hizo un tal Conrad, hasta conocer el mismo asco-, es injusto, y su defensa inocula en la opinión pública la perjudicial creencia de que la civilización es arbitraria , en su sentido negativo. y que hay que proteger, como si fuera el patrimonio mediombiental o algo así, las expresiones culturales más oscuras de la humanidad, donde en realidad el día a día no es la aventura soñada desde un bar libre de humos, sino un infierno que hay que combatir, donde el ciudadano desea someterse a la ley de la civilización que los desagradecidos odian a la vez que se amamantan de ella, no siempre de modo legítimo, por cierto.

Thursday, February 25, 2010

Danza macabra en España


Mi más sentido pesar por la aprobación de la nueva ley de aborto libre de personas, hasta las 14 semanas de gestación. Lo siento por los infelices a los que se les va a tasar la vida con el valor de la intervención clínica. A todos los que os sintáis pisoteados por este abuso de poder, mi más sentido pésame y mi ánimo para seguir peleando, cada uno desde donde pueda, para cambiar las cosas.

Sunday, May 24, 2009

Fetos de 13 semanas



No soy científico, a la vista está, aunque sí aficionado a la divulgación científica que mi bachillerato de ciencias me permite entender. Pienso sinceramente que va contra todo sentido común decir que un feto de 13 semanas no sea un ser humano, pero sí un ser vivo, porque no haya fundamentación científica ninguna. Lo único que digo es que si no se sabe (la Ministra de Igualdad, y las fuentes científicas consultadas por ella, al menos no lo saben) lo que es una cosa, en este caso un feto, me parece una imprudencia y una temeridad tomar una medida tan dura como su eliminación indiscriminada (ley del aborto), más cuando hay muchas voces que aseguran tener un conocimiento distinto acerca de lo que sea un ser humano, voces no escuchadas, por cierto, lo que me hace dudar de la sinceridad de Bibiana en su búsqueda de la verdad científica. ¿Habrá que eliminar a Bibiana porque yo dude de que sea un ser veraz, aunque sea un ser ministro?

Sunday, May 10, 2009

Reprobando la ciencia


No quería escribir sobre este asunto, pues ya lo han hecho muchos y porque pienso que no tiene necesidad de muchos argumentos lo que es evidente. Sin embargo, por cariño al Santo Padre y por amor a la verdad, aportaré mi granito de arena a este debate.

Me quería apoyar en dos argumentos, los únicos científicos que conozco sobre este tema, para defender las declaraciones del Papa Benedicto XVI a favor de la vida y el amor humano y en contra del preservativo. Se trata del muy desconocido caso Uganda, único país africano donde se reduce el número de contagiados de SIDA hasta casi desaparecer y del más cercano caso de incremento de embarazo entre adolescentes en España, curiosamente desde la penúltima campaña publicitaria del Gobierno para usar el preservativo (la del póntelo, pónselo).

En el segundo caso es evidente (lo dicen las estadísticas del propio Ministerio de Sanidad) que desde que hay preservativo hay más promiscuidad y más riesgo de embarazo precoz (10.700 casos en 2007). Del mismo modo que puede haber embarazo con preservativo, la lógica me lleva a pensar que puede haber contagio de enfermedades de transmisión sexual. Conclusión de los expertos del Ministerio de Sanidad: hacer una nueva campaña del preservativo para adolescentes y repartirlos a diestro y siniestro [¿?].

En el primer caso, es evidente que el Gobierno de Uganda promocionó la abstinencia sexual entre los jóvenes y las relaciones esporádicas para disminuir la promiscuidad y así el riesgo de contraer el SIDA. Resultados: desciende el número de contagios según datos de la Organización Mundial de la Salud y de las Naciones Unidas. En los demás países el SIDA no solo se mantiene, sino que aumenta. Conclusión de nuestro Gobierno: hay que mandar más preservativos a África para evitar el contagio de SIDA [¿?].

No quiero interpretar esto, a cada lector lo dejo. Ahora bien, no sé cómo pueden llamar irresponsable a Benedicto XVI por defender al hombre y a la mujer africana del mercado del sexo, quien tan irresposable e irracionalmente aplica medidas en su contra, y a los datos me remito y no a argumentos morales.