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Monday, July 09, 2012

Presentación de Río Paisano de Joaquín Antonio Peñalosa


El 18 de enero se presentó oficialmente el pormario póstumo de Joaquín Antonio Peñalosa Santillán, mexicano. Los ponentes fueron
 


* Sr. D. Fernando Arredondo, Profesor de Lengua y Literatura, preparador de la edición.
* Sr. D. Doctor Miguel Ángel Arias, Profesor  de Literatura Universidad San Pablo CEU.
* Sr. D. Jaime del Arenal Fenochio, Director del Instituto de México en España.


Aquí se pueden ver algunas imágenes de dicho acto, así como el texto completo de la presentación de su prologuista.


Un momento de la presentación, en la que interviene Ángel Arias, profesor de Literatura de CEU San Pablo.


Vista del salón del Instituto de México en España, donde además de parte del aforo se pueden observar algunos lienzos de pintura moderna mexicana.

ALGUNOS MOMENTOS DE LA PRESENTACIÓN






















Texto de la presentación de Río paisano, por Fernando Arredondo:


PRESENTACIÓN EN LA EMBAJADA DE MÉXICO
INSTITUTO DE MÉXICO EN ESPAÑA

Agradezco a don Jaime del Arenal y a don Francisco Robles, su interés por este libro y la posibilidad que me han ofrecido de presentar este libro en su casa, así como la presencia de todos ustedes en este acto.

Como saben, el poemario que nos ha traído hasta este acogedor rincón de México en Madrid, no es del conferenciante que ahora se dirige a ustedes, sino de un hombre que nos dejó en el año 99, que es quien debería estar ahora hablando de su libro, y no yo, que no soy más que un desconocido que ha osado –si se me permite decirlo así- poner mis manos sobre las palabras de Joaquín Antonio Peñalosa.

Es por eso que me lleno de un respetuoso pudor cuando algún lector bienintencionado, quizá alguno de ustedes, se me ha acercado para pedirme que le dedique el libro, pues aunque haya sido yo quien ha  preparado el prólogo y la edición, me siento como si profanara el derecho a “dedicar” que le corresponde a su auténtico autor.

Y cómo no, imagino que si hoy pudiera estar Joaquín Antonio aquí, siempre tan agradecido y humilde, tendría también unas palabras de agradecimiento para Fidel Villegas, Director de Cuadernos de Poesía de Númenor. Gracias a él y a su interés, inasequible al desaliento en estos tiempos malos para la lírica, se termina de publicar la obra poética de Peñalosa. Y precisamente en España, esa tierra tan querida por nuestro autor.

Querría ahora, realizado el “ritual” de los agradecimientos, no por consabido, innecesario, centrarme en el nombre del libro: Río paisano.

Decía Borges –y digo “decía” pues esas conferencias nunca fueron escritas por él- ante estudiantes de la Universidad de Harvard, que existen cuatro modelos de metáfora prototipos del resto de las metáforas que la literatura ha aportado a lo largo de los siglos. Una de ellas es la del río, la de “la idea del tiempo que fluye, que fluye como un río”. Metáfora ya presente en el griego Heráclito.

Si aceptamos que este título hace referencia a la metáfora del fluir del tiempo, se hace inquietante pensar que sea precisamente título del libro con el que se acabó su tiempo. El final del río.

En la desembocadura de cualquier río, es donde se encuentran los sedimentos; los sedimentos de todo aquello que sus aguas ha ido arrastrando desde su nacimiento. Quizá, Joaquín Antonio, consciente de esta bonita imagen, quiere comenzar llamando la atención sobre sus propias fuentes, sobre el inicio de su poética: Virgilio.

Virgilio no es solo el poeta, quiero pensar que es la persona elegida por Peñalosa para simbolizar las letras clásicas, para recoger en un solo nombre toda la caterva de creadores grecolatinos que con sus palabras han fertilizado la literatura occidental a lo largo de los siglos, trasformadas estas, o disfrazadas, con las aguas nuevas de idiomas lejanos e insospechados, como el español de América.

Este río, transporta, pues, vestigios de remotas lecturas y evidentes novedades de la lírica contemporánea.

Antes de continuar, les pediría, abusando tal vez de su amabilidad, que hagan un esfuerzo, por escuchar ahora la voz de Peñalosa y no la mía.

Con más o menos acierto voy a leer en voz alta alguno de los textos de Río paisano, en primer lugar para que los disfruten y en segundo lugar para hacerles explícitos algunos de estos sedimentos a los que me venía refiriendo. Esta lectura es un acto de lealtad a Joaquín Antonio, que aprendió de su profesora en la universidad, la escritora Concha Urquiza, que el tradicional método de enseñar literatura como un cementerio de fechas y nombres hay que abandonarlo y optar por infundir el placer de la literatura desde los textos mismos.

Empecemos con el “Testamento de la abuela”   (Página 50, se lee)

-Encontramos la oralidad como en los textos que recitaban los ciegos homeros o los juglares medievales, pero con un verbo tan mexicano como ese “arrímense” que imagino que a los españoles presentes entre el público les habrá sorprendido, pues es más familiar en España el uso de “acérquense”. Va a comenzar la función, el recital, la acción dramática…

-El tono moral del tempus fugit, resumido en “La muerte, el entierro/ son cosas de la vida”.

-El locus amoenus. Ese lugar apacible, donde la naturaleza se presenta en un equilibrio casi perfecto, derrochando la belleza del punto medio, la prosperidad, aquí expresadas en la granada, en la ceiba, en los cántaros llenos, en el vuelo de las mariposas, el suave discurrir del río.

-Las bucólicas de Virgilio, por ejemplo el discurso de Melibeo al comienzo de la Égloga I:

“Tendido al pie de tu haya de ancha sombra,
tú, Títiro, en el leve caramillo
ensayas tus tonadas campesinas.
Nosotros, de la patria en los linderos,
adiós decimos a sus dulces campos,
nosotros, de la patria fugitivos…
tú, tendido a la sombra, al eco enseñas,
oh Títiro, a que el bosque te repita:
¡Amarilis hermosa!...

Aquí habrán notado al igual que yo la oralidad, en cuanto se refiere en segunda persona a Títiro, el tono moral de la fugacidad de la vida, la exquisitez con que se refiere a las cosas del campo, concretamente a la “haya” bajo cuya sombra se tiende Títiro, recordándole a su amada. Del mismo modo Peñalosa  sitúa a Juan bajo una aceiba, que es recuerdo de su amada abuela.

-La imagen misma del río, de la que ya hemos hablado.

Todas estas indicaciones mías, no son más que reflexiones realizadas en voz alta, que a buen seguro ustedes podrán realizar durante la lectura del libro de un modo más profundo y seguramente productivo.

Otro poema que me gustaría leerles, esta vez para mostrar la modernidad de nuestro poeta, sin entrar a pesados asuntos formales, como el uso del verso blanco, o la falta de signos de puntuación, es “Tribu de mendigos”. (Página 49, se lee).

Pienso, ustedes también se habrán dado cuenta, que en este poema se usa una técnica muy fotográfica, algo muy moderno. El poema son tres fotografías, tres momentos congelados por imágenes:

a)     La primera muy dickensniana, ahora que comenzamos el segundo centenario de Dickens. Los mendigos en una calle.
b)    La segunda, como una crítica a la manera en que los hombres acallamos nuestra conciencia, justificando la indiferencia con excusas: un matrimonio y un diablillo.
c)     La tercera, la penosa imagen de los pobres retirándose a los arrabales para dormir.

Por último les leeré, a modo de despedida, no olviden que es Peñalosa quienes le habla, no yo, “Muerte no es morir”. (Página 99, se lee).

Me encantaría seguir hablándoles de la poesía de Peñalosa, porque me entusiasma su optimismo, su novedad, su lenguaje humanizado y porque como señaló el introductor de Peñalosa en España, el también poeta Miguel d’Ors, la poesía de Joaquín Antonio es como “un vaso de buen vino”.

Pero no quiero seguir aburriéndoles con digresiones y dejo que sea su imaginación y no la mía la que les haga disfrutar de estos versos.



Saturday, March 26, 2011

Encontrarás dragones

Ayer vi en el cine una película como hace tiempo que no veía ninguna. Se trata de una película sabia: una de esas películas que hay que ver una vez y que después hay que dejarla madurar en el pensamiento y en el corazón, hasta que su mensaje decida crecer en nuestro interior. Una película que enseña a vivir.
Es una película que algunos atribuyen al Opus Dei, otros dicen que va sobre el Opus Dei, otros sobre san Josemaría… que cada cual diga lo que le plazca. Yo digo que es una película muy bien hecha, con una técnica muy cuidada en cuanto a los planos, la fotografía, la ambientación y decorados, el vestuario, el ritmo… alcanzando momentos quizá poéticos. Una película que no aspira a recrear con la acción del argumento, sino a deleitar el alma con la profundidad de su mensaje.
Véanla y descubrirán un universo simbólico, un escaparate de la condición psicológica humana, un retrato del abismo interior que todos llevamos dentro y al que de vez en cuando nos asomamos, con extraña inquietud, para descubrir el vértigo que produce la altura de nuestra naturaleza y a la vez su bajeza. Para descubrir dragones, pero también ángeles.
En cualquier caso, una película que asombra porque reivindica el perdón, la esperanza de la reconciliación, la posibilidad de la redención. La manera en que nuestras acciones libres pueden salvar o perder vidas, elevarlas o hundirlas.
Sí, san Josemaría es un reclamo morboso para sus detractores, también la guerra civil del 36, pero lo primero no es más que un contrapunto (ficticio, todo sea dicho, puesto que ese personaje no es el san Josemaría real) de la historia principal; y lo segundo un marco circunstancial donde desplegar la tesis de su autor, sin pretensiones históricas, aunque muy logrado artísticamente y, a mi parecer, respetuoso con la sensibilidad actual hacia las facciones de la contienda.
Por todo ello, una película que merece la pena, siempre y cuando no se vaya a verla con pretensiones espectaculares, sino como lo que es, una película de autor, una obra de arte para reflexionar, de esa forma que sólo la estética consigue, acerca de nosotros mismos. 

Wednesday, November 10, 2010

El Papa en España


Enciendo la tele. Me encuentro el despliegue mediático, policial y político de la visita de Benedicto XVI. Mucha gente y mucha alegría. Palabras a favor de la libertad religiosa, gestos de concordia y de esperanza en una sociedad castigada por la crisis económica y por la desconfianza en un prójimo de intereses dudosos (especulación, corrupción, oportunismo, y quizá un etc. a gusto del lector). Y una muchedumbre que sonríe, que canta, que baila, que habla con gozo, que pronuncia palabras de sincero cariño hacia otra persona.
Soy católico y practicante. Y no termino de salir de mi perplejidad al ver que me contagio de alegría optimista al experimentar júbilo viendo la tele. Júbilo, sustantivo que señala una realidad que los hombres del siglo XXI, a pesar de nuestro progreso, apenas vislumbramos, como si se tratase de una quimera inexistente en la que no merece la pena creer.
Y me siento yo mismo jubiloso. Y pienso en dar las gracias a los periodistas y profesionales que han conseguido despertar esta sensación casi inédita con su trabajo bien hecho. Y doy las gracias, pues, con esta carta y lo hago con cariño, pues con cariño han cubierto el viaje del Papa. Gracias por divulgar lo más informativo de la visita pastoral de Benedicto XVI: descubrir que los españoles seguimos con capacidad de querer a los demás, incluso en los medios de comunicación.

Saturday, March 13, 2010

La nueva idolatría



Quien haya leído alguna vez el Antiguo Testamento, así como algún libro de las civilizaciones de la antigüedad egipcia, persa, asiria, griega, romana, e incluso sobre las germánicas o cualesquiera que sean, se habrá percatado de la evidencia de la idolatría, un concepto de fácil comprensión en cuanto a su significado -la adoración que es profesada a los ídolos-, y difícilmente en cuanto al sentido de su práctica.
Pienso sobre este fenómeno religioso y me pregunto por qué resulta tan atractivo para el hombre el someterse a la servidumbre y a la veneración de algo que ha sido construido por él mismo. Cuando de niño me explicaban en qué consistía la idolatría, no me cuadraba en mis esquemas mentales que una persona pudiera pensar que una estatua que acababa de esculpir pudiera ser Dios. Ahora tampoco, la verdad. La diferencia es que cuando era niño estaba convencido de que los ídolos eran invenciones del pasado y que la humanidad los adoraba por ignorancia. Sin embargo hoy, en una sociedad construida por la razón y por el conocimiento científico, persiste la idolatría de una forma llamativamente extendida y me estoy refiriendo a Occidente.
Los occidentales somos capaces de renegar de la religión, de enaltecer el ateísmo como negación de un Dios único y todopoderoso y de mostrarnos crédulos y serviles a manifestaciones ficticias de las potencias divinas repartiéndolas en diversos fetiches. Lo observo en el deporte, más concretamente en el fútbol, en los grupos musicales, en los políticos, en las modelos, en los personajes cinematográficos o de las teleseries, en el manga… Descubro sorprendido que muchas personas a mi alrededor creen que su ídolo creado por humanos es Dios. Y lo imitan, visten como él, se peinan como él, piensan como en la tele nos hacen creer que piensa, llenamos toda nuestra realidad de carteles, póster, colgantes, fotos, imágenes, de sus cosas o de algo suyo (no me sorprende más un friki del manga vestido de Naruto que un seguidor de Ronaldo que, vestido con su camiseta, se quede sin dormir porque el Madrid haya sido eliminado de la Champion, ya que ambos, Naruto y el icono Ronaldo, son invenciones humanas), aunque sepamos que detrás de todo esto no hay nada, sólo nuestra imaginación o una realidad más o menos fantasiosa fruto del deseo, de lo que nos gustaría que fuera.
Podría ser que esta idolatría moderna no sea sino una forma más de ateísmo, puesto que en el fondo es la adoración de la nada, de una creación humana, de un objeto vacío y de una renegación y desconfianza del auténtico Dios, del Ser que da explicación de todo y que no ha sido creado, sino que es creador.
Si los hebreos caían continuamente en este peligro a pesar de las revelaciones directas de Yahvé-Dios y de las advertencias de los profetas y las prescripciones de su Ley, cuánto más caerán en la sumisión idólatra los habitantes de una civilización cuya diosa es una razón humana, que sólo puede prometer la tierra utópica de la concordia social y el bienestar perpetuo. La auténtica razón pierde entonces su valor y, devaluada, deja su trono a la imaginación y a la ficción, tan válidas, entonces, como la utopía atea del racionalismo.

Tuesday, November 03, 2009

Intelectuales de izquierdas


En este mes de octubre parece que vuelven a ocupar especial relevancia los llamados “intelectuales de izquierdas”, denominación que reciben una serie de escritores, ensayistas, cantantes y directores de cine, tales como Joaquín Sabina, Luis García Montero, su mujer Almudena Grandes, Miguel Bosé, Fernando Amenábar... todos ellos relacionados por reivindicar una cultura del progreso.

Así, este mes, algunos de nuestros “intelectuales de izquierdas” han realizado un panegírico de la progresista política económica de Zapatero, la que arruina a los españoles con paro e impuestos, pero permite a los sindicalistas cenar en restaurantes de trescientos euros el cubierto. Este mes, aparece Ágora, una producción a medias con los imperialistas yanquis, y con actores yanquis, que se lleva los elogios de unos y de otros, y su dinero. Y un Miguel Bosé que se dedica a dar conciertos en una Habana, donde la dictadura castrista limita las libertades individuales y donde se atenta a diario contra los derechos humanos.


A parte de estas contradicciones, me resulta muy llamativo que lo que defienden estos “intelectuales de izquierdas” –y mantengo las comillas también en la palabra izquierdas-, si no con sus obras, sí con su discurso ideológico, sean unos valores como el de la defensa de los más débiles frente a la opresión del poderoso, la solidaridad, la justicia, la libertad… sentimientos loables que no proceden de la izquierda, ni de la derecha, sino que históricamente tienen su origen en el cristianismo. Que no se engañen pensando que sus bonitos valores proceden de la cultura romana (que ni entendía de piedad, ni de misericordia, ni de perdón ni de igualdad social), o de los visionarios marxistas (los grandes asesinos y opresores de la humanidad en el siglo XX, superando con creces el holocausto nazi, y baste mirar la URSS, China, Corea, o su amiga la Cuba de Fidel).


Sí, lo que tiene de bonito todo eso que defienden los “intelectuales de izquierdas” es la herencia de una cosmovisión cristiana. Lo que parece más de izquierdas en su discurso ideológico más bien sería lo que aportan a esos valores recibidos, ya que los entienden no en su sentido originario, sino como que cada no pueda hacer lo que le dé la gana sin responder ante nadie para lograr la paz y la concordia, una utopía más. Eso último fue, en definitiva, lo que entendieron sus antepasados los Robespierre, los Stalin, los Mao, los Castro… y a la vista están los resultados de tan intelectuales gurús: millones de muertos. Olé su inteligencia. Yo me quedo con los cristianos que en su estupidez irracional y fanática se desviven por cuidar de los desamparados, de los enfermos terminales y de sida, de los huérfanos, de los no nacidos, de los discapacitados, de los que pasan hambre, de los analfabetos, de los desesperados… todo eso hoy, en ese mundo que los “intelectuales de izquierdas” aborrecen, no en un futuro utópico lleno de medios. Dichosos ellos.

Saturday, July 11, 2009

El poder más grande del mundo


Obama y Benedicto XVI se han reunido en el Vaticano, en un primer encuentro en el que no se han evitado los temas que les distancian. La foto es curiosa, por lo sugerente: Obama, Presidente de los Estados Unidos, elegido por un pueblo que muchos consideran Dios, siendo así un sacerdote de la democracia. Un sencillo representante en negro del poder material. Y Benedicto XVI, elegido por Dios (“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”), siendo así un sacerdote de la Providencia, representante en blanco del poder espiritual.

Sunday, January 25, 2009

El hombre transformado


Cientos de miles de personas congregadas con la ilusión de un niño en torno a un líder. Lo hemos podido ver todos en cualquier televisión, en la internet, en la radio… El fenómeno Obama no deja indiferente y levanta pasiones –no todas ellas agradables- dentro y fuera de Estados Unidos.

Me causa envidia –y creo que no soy el único que dice esto- descubrir ciudadanos que vibran con su país, que se sienten unidos a su Presidente y a su bandera. No conozco mucho a los estadounidenses, ni soy un experto en su cultura, pero sospecho que este efecto de unidad procede de una creencia temporal o permanente en sus ideales, en los valores comunes de su nación, que ahora ven de nuevo posibles con la prometedora figura del primer Presidente negro: la igualdad, las posibilidades para todos, la convivencia…

No sé cómo terminará la cosa. Estoy tentado a decir que el efecto Obama, quizá divulgado desde el entusiasmo de los medios de comunicación, que omiten el dato de un amplio sector de la población norteamericana que no lo votó a él, sino a McCain, bien podrá ir decayendo en cuanto el voraz apetito de la sociedad hipercrítica del bienestar se dirija hacia los errores que Obama –como cualquier otro Presidente- contará en su haber en cuanto deje de hablar y empiece a actuar. De momento, deseo que no decaiga y que, entre otras cosas, el cambio comience por la actitud ante la eugenesia abortista, la gran esclavitud de nuestro tiempo que hay que abolir, según la Iglesia de Estados Unidos. Realmente es de los pocos cambios importantes que Obama podría procurar, ya que es la principal causa de muerte en nuestra civilización y es, ciertamente, una mancha oscura en el horizonte del porvenir del hombre occidental, que parece empeñado en su autodestrucción.

Más vale creer en el cambio que no creer. El escepticismo es una desventaja para cualquiera. Pero yo creo en un cambio distinto, un cambio ya proclamado por otro líder, Juan Pablo II, un cambio que no queda en manos de la intervención del Gobierno, sino de la persona individual, que es la responsable de su vida. La felicidad depende de nuestra actitud ante la vida y no de factores externos. Pienso que estamos demasiado acostumbrados a que nos saquen las castañas del fuego. Decía este Papa en el Bernabeu, en el no tan lejano 1982: “Sólo el hombre transformado transformará la sociedad”. Y así transformó la sociedad soviética, la situación eclesial postconciliar, la juventud católica, las relaciones ecuménicas con otras confesiones… a base de santidad personal.

Sí, se puede, pero a ver que haces tú.


Wednesday, August 27, 2008

Dos velas para el diablo



Al parecer en Grecia hay un refrán que dice que cuando uno le pone una vela a Dios hay que ponerle dos al diablo, eso afirma Laura Gallego en su página web para justificar el título de su última novela para el público infantil-juvenil: Dos velas para el diablo.

Me imagino que realmente este dicho existirá en aquella egregia tierra -no tengo amigo alguno de por allí a quien preguntarle-, lo que no sé es cuál será la relación lógica que encadene esas dos sentencias; en fin, no es mi propósito hablar sobre el significado de tan curiosa frase. No obstante, sí es mi propósito mostrar la perplejidad en la que me quedo, al comprobar que el libro de Gallego es publicado por SM, famosa editorial antaño, al menos, de los marianistas. ¿Por qué mi perplejidad? Porque me parece un libro éste poco educativo, es más, me parece –siempre hasta cierto punto, tampoco hay que exagerar- destructivo, y es contradictorio que lo publique una editorial que se llama a sí misma educativa.

Sí, me parece destructivo, porque los lectores de Laura Gallego suelen ser chicos (y utilizo nuestro útil género común) preadolescentes y adolescentes, es decir, gente por formar, muy vulnerable a cualquier idea que presente apariencia de verdad.

A estos chicos se les está acostumbrando a leer –precisamente, paradoja, en un momento en que se quiere una sociedad laicista, es su sentido más materialista de la palabra- historias de ángeles y demonios, magia y fuerzas ocultas, intentando dar un fundamento a su existencia (algo que nunca ha sucedido en los auténticos cuentos de fantasía, donde el origen de todo hecho fantástico brilla por su ausencia) y confundiendo las categorías de bueno y malo en unos personajes que lo son al arbitrio de la autora, aunque sean demonios (que obedeciendo al refrán griego en le que se inspira la novela, no puede ser otro el diablo que el de la Biblia, el de la religión cristiana, que es malo), y es que en esta novela hay demonios buenos.

Se logra así confundir a los maleables lectores, cuya idea de lo sobrenatural suele ser muy precaria, y está acosada por sincretismos religiosos tan particulares como el de Laura Gallego, que es capaz de mezclar lo kistch, con la estética del manga y un complejo mundo de esoterismo, donde los protagonistas están sometidos a violentos episodios de venganzas, amores vacuos, lucha por la supervivencia del más preparado, etc. Se puede creer que los demonios pueden existir o no, pero hay que aclarar a un niño que, si se admite su existencia, el demonio es malo. Una vez establecidas y fijadas estas categorías el niño tendrá tiempo más adelante de plantearse otras subjetividades acerca de la ambigüedad del bien y del mal.

Fuera de juzgar la calidad literaria de los libros de Gallego, lo que no voy a hacer ahora, considero que su obra ha caído en un carril literario de moda (el de Harry Potter, El elfo oscuro, El ejército negro...), donde la fantasía ha derivado a lo demoníaco, al morbo que despierta en el ser humano la atracción del mal, y al tirón que tiene actualmente la intriga policíaca asociada a todo tipo de ambientes y mundos literarios. Pienso que nuestros best seller son una reencarnación de Agatha Christie en los más peculiares relatos (sirva como ejemplo la novela de Eduardo Mendoza El asombroso viaje de Pomponio Flato o el famoso Código da Vinci, compendios de mentiras y ácidas sátiras donde priman las ventas por encima de lo literario). En ningún caso justifico que una editorial de prestigio, como SM, se sirva de los estudios de mercado para publicar novelas exitosas, pese a sus escasos o contradictorios valores. Al pueblo se le puede hablar en necio para darle gusto, pero los niños tienen derecho a que se proteja su formación intelectual, para lo que hay muchos libros –de otro tipo- y muy buenos.

Sunday, October 14, 2007

498

Los mártires, a diferencia de otros célebres personajes de nuestra historia, no son personas de las que estudiamos su pensamiento y a las que encumbramos para nuestro lucimiento intelectual, sino que constituyen ese selecto grupo de hombres y mujeres del que tomamos referentes para los momentos determinantes de nuestra vida y para seguirles en su camino hacia la libertad.

Quizá sea más difícil ser sabio que ser mártir, pero el mártir se compromete con la verdad que conoce y es fiel a su fe; el sabio no tiene por qué creer en lo que sabe. Esta diferencia existencial es la clave del prestigio de su testimonio frente a la erudición. Es la diferencia entre la escritura y el mito, el Evangelio y las leyendas negras surgidas de pretendidas certezas arqueológicas. Es por ello, tal vez, que en este siglo XX recién pasado, al que todavía pertenecemos culturalmente, hayamos encontrado patrañas de todo tipo contra la fe católica: mentiras acerca de su clero como causante de males intrigantes, complots oscuros e intrigantes asignados a la Iglesia, pruebas inciertas y sin fundamento para desdivinizar a Cristo, ataques para desprestigiar la religiosidad surgida del cristianismo… Y nada se ha conseguido: mientras los sistemas humanos caen uno tras otro y desaparecen, la Iglesia sigue ahí, siglo tras siglo, persecución tras persecución, firme en sus dogmas y convicciones.

Una mentira se puede sostener a conciencia hasta que la propia vida es la que se pone en juego sobre el tapete. Miles de personas han hipotecado su vida, sus ambiciones personales, sus proyectos humanos, a la verdad de Cristo, una verdad sobrenatural, lo cual no deja de ser un magnífico argumento –digno de todo respeto- para la credibilidad y para la adhesión a la doctrina católica.

La beatificación de 498 mártires españoles el 28 de octubre (sacerdotes y religiosos en su mayoría, dedicados a la labor pastoral de almas y a la ayuda social de los más desfavorecidos) es un reconocimiento público de la comunidad católica a la heroicidad de estas personas que no vendieron la libertad de su conciencia, y un recordatorio al mundo del poder de la gracia de Dios, que hace fuerte lo débil: unos hombres normales. Esta beatificación, lejos de un pretendido sentido político o ideológico, anima a todos los católicos de hoy perseguidos por su fe, a no desistir y a no temer ser anatemizados, excluidos de ciertos cargos, aislados en sus trabajos, sino por el contrario dar un testimonio existencial de la fuerza de Dios y de la libertad profunda que caracteriza a la naturaleza humana.

Fuera de la oficialidad de una ley gubernamental para reescribir la historia, la vida y muerte de estas personas, estudiada por investigadores anónimos, con recursos privados y particulares, quedan como un documento válido en el que apoyarse para un acercamiento libre a los inicios del siglo XX en España. Una iniciativa voluntaria y extraoficial que no deja de ser una muestra de la actividad y de la responsabilidad ciudadana de los católicos, que no hacen dejación de su derecho al desarrollo confiándolo a las instituciones públicas o al Gobierno, quien no debería ser en una democracia quien fuera por delante, imponiendo leyes, sino que debería de ponerse al servicio de la iniciativa ciudadana, acompañándola con la ayuda de sus medios.

El compromiso de los mártires con su labor y la de la Iglesia con sus mártires, ambos, y el trabajo por ofrecer modelos y honrar a sus fieles, a pesar de la presión, sí constituye una auténtica educación para la ciudadanía, no basada en teorías vacías como las que podemos encontrar estos días en manuales para adolescentes, sino una realidad vivida y encarnada por la que hay gente dispuesta a entregar su vida.

Monday, April 11, 2005

La última luz del siglo XX

El comunismo genera pobreza y miseria material en masa. El capitalismo atrofia las alas de la virtud con las que el hombre puede elevarse sobre la tierra y alcanzar las más altas cotas del espíritu.
Ambas formas de pobreza –material y espiritual- se manifiestan al hombre como males que limitan y reducen su libertad, avocándolo a la tristeza y a la desesperación.
Ante tan grandes desconsuelos la Iglesia ha regalado a la humanidad la vida y testimonio de un puñado de hombres u mujeres coherentes y enamorados, que Dios ha dispuesto para que alumbren los corazones confundidos en las tinieblas de un siglo XX que se ha caracterizado por el horror y la violencia de las mayores matanzas y amenazas de la historia de la humanidad.
Este puñado de hombres y mujeres, que son los santos, han pasado por la vida como signos de contradicción –al igual que Cristo-, han sido como una bandera disputada. Personas amadas y odiadas, seguidas y combatidas… Francisco y Jacinta, sor Lucia, Juan XXIII, el padre Pío, San Josemaría Escrivá, Álvaro del Portillo, Teresa de Calcuta… Juan Pablo II. Dios elige a los débiles para confundir, para liar absolutamente, a los fuertes: gobiernos, periodistas, magnates, académicos…
Lenin hizo sufrir, Stalin hizo sufrir, Hitler hizo sufrir, los beligerantes gobiernos del continente americano han hecho y hacen sufrir… el resentido vecino del 5º C hace o intenta hacer sufrir. Sin embargo, estos santos no solo han sido felices ellos, sino que han logrado la felicidad y la paz profunda (que no tiene nada que ver con la que produce un canuto de marihuana) de millones de personas, en una heroica marcha a contracorriente.
Con Juan Pablo II muere el último gran héroe del siglo XX. Pero la llama del Espíritu Santo, con la que atraía a tantas mentes y corazones, como todas las miradas son atraídas por la cerilla que se enciende en la habitación oscura, no muere. La nueva referencia luminosa para las víctimas de la crueldad humana ha de salir de los millones de jóvenes que han tomado el testigo de este Papa en Cuatro Vientos, en Long Champ, en Roma… Ellos –de los que saldrán los nuevos santos del siglo XXI- se deberán mantener firmes para custodiar la luz de Cristo, el progreso no puede suponer extinguir la única llama que ilumina, la única esperanza sólida de la humanidad, ésta es una de las grandes enseñanzas de Juan Pablo II, esto lo hacía atractivo en su ancianidad. “Sólo el hombre transformado transformará la sociedad” dijo en el Bernabeu. Sólo el santo, el hombre iluminado por la luz de Cristo traerá la paz. Sólo estos débiles son capaces de ahogar tanto mal en mayor abundancia de bien, en esto consistió la vida de Juan Pablo II.