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Monday, February 27, 2012

La fuerza de la razón


Vaya por delante que en las últimas elecciones generales no voté al PP, ni a ningún otro de esos partidos considerados de “derecha”. Lo digo porque la opinión pública es hoy más sensible a la tendencia ideológica de quien habla que a la razón de sus afirmaciones. No puedo votar a los que tan penosamente han hecho oposición a Gobierno tan lamentable como el de la anterior legislatura (a sus logros me remito).
No pretendo reivindicar nada en favor de nadie. Como mero espectador de lo que ha ido sucediendo en España en las últimas semanas, me limito a referir algunas curiosidades que me han llamado la atención y me han sugerido algún pensamiento.
Me voy hasta Valencia. Unos indignados alumnos de instituto de enseñanza media protestan cortando ilegalmente la vía pública. Carga policial, como reacción institucional de dureza más que discutible, según las imágenes que abundan en la red. ¿Víctimas? Los ciudadanos perjudicados por los que delinquen, por supuesto. Por supuesto que no. El mester de progresía arremete contra el Cuerpo Nacional de Policía y  contra la Subdelegación del Gobierno por coartar la libertad de expresar pacíficamente las propias ideas. ¿Y eso? Es que llevaban pancartas. En España, si llevas una pancarta, cualquier delito se debe considerar un acto de la legítima libertad de expresión. Por ejemplo atracar una oficina bancaria a punta de pistola, pero en lugar de con una media al uso enfundando la cabeza, con una palestina al cuello y una pancarta que reivindique los derechos sociales frente al capitalismo imperante. Siempre con una K de kilo o una viñeta denigrante.
Y bien, ¿qué expresaban libremente hasta ser reprimidos en sus derechos los que cortaron la vía pública? Pues no sé qué de recortes en educación. ¡Oh, paradoja! se quejan de recortes en educación aquellos mismos que no hacen otra cosa -en perjuicio de la calidad de enseñanza- que propiciar tijeretazos salvajes al horario de estudio. No es menester el dinero para adquirir conocimiento, sino ponerse delante de un libro y dedicar horas a la ardua tarea de estudiar. Lo que no hacían los pancarteros de Valencia, al menos esa tarde y las siguientes. Conozco sabios que no tenían más recursos que un libro, ni pizarras digitales en la escuela.
Y hablando de pancartas… ¿Cuánto dinero de las ayudas públicas destinarán los sindicatos a la financiación de sus pancartas, pegatinas, cabeceras de movilizaciones, carteles propagandísticos…? Parece que salen a millares cada día. No entiendo por qué hay que ayudar con el dinero de todos a que esos señores derrochen ideología barata (barata la ideología, no la imprenta).
Pues he observado eso; y también las movilizaciones que han tenido lugar o anuncian que tendrán lugar (con un mensaje apocalíptico que hace evocar a los jinetes funestos del fin de los tiempos) contra la reforma laboral que ha diseñado el Gobierno. Reforma al margen de los sindicatos, eso dicen aquellos a los que se les ofreció llegar a un acuerdo con la patronal. La reforma laboral la tuvo que realizar el Gobierno, dada la cerril capacidad de negociación de los sindicatos (oportunidad despreciada, que supone una muestra más de la incoherencia, si no de la inutilidad, de los que ahora quieren que se les tenga en cuenta).
Sí, observo movilizaciones, pequeñas movilizaciones en comparación con las millonarias manifestaciones en contra de las primeras iniciativas del anterior Gobierno, sí, el de Zp, ese que negó la crisis, y al que –con Rubalcaba en la sombra- se le fue la situación de las manos, por incapacidad manifiesta y conocida de todos. Sí, las manifestaciones a favor de la familia (foto arriba), en contra de la LOE y la Educación para la ciudadanía, las revueltas de los astilleros de Cádiz, las de los ciudadanos que pedían que el Archivo de Salamanca no fuese trasladado a Cataluña, la de la AVT… con más o menos razón, esas manifestaciones se realizaron, y ganaron por goleada en número y comportamiento (o ciudadanía) a los que ahora se movilizan con agresivos exabruptos. Aprovechar, pues, los afines al PSOE estas agitaciones como argumento político, es un arma de doble filo, que hiere más en este caso a quien la empuña que a quien se dirige.
Yo no soy un experto en economía, imagino que igual que casi ningún español de los que opinan en todos los medios posibles. Lo que sí sé es leer, y me consta que lo que se ha publicado en referencia a la reforma laboral, no es lo que se ha llamado “abaratamiento del despido”, solamente, sino otras muchas medidas. Que insisto, no sé si serán mejores o peores, pues no sé de economía, y a la vista está que de lo que dicen los sindicatos (UGT y CCOO) y el partido socialista no se puede uno fiar demasiado para determinar esa maldad o bonanza, pues hay sospecha o algo más acerca de sus intereses únicamente políticos. Quizá este fenómeno de manipular y sesgar la realidad se deba a otro recorte ya señalado, el de las horas de estudio, que imposibilitan al ciudadano leer y comprender, y por tanto le hace vulnerable a las artimañas de unos cuantos que pretenden arañar cuatro votos o proteger sus privilegios de “liberados”.
Lo último que he observado y esto sí que me da miedo, es que los partidos políticos de la democracia (ese sistema que se valore como se valore ha llevado a España al mayor bienestar de su historia) se rebelen contra sus instituciones y sus vías institucionales. Me refiero a la toma de postura que han tenido, concretamente, en contra de la sentencia a Garzón, el pataleo en Andalucía contra la juez que instruye el escándalo de los ERE (Griñán se queja de que coincida la acción judicial con las elecciones, como si encima de robar tuvieran que decidir cuándo se les puede pillar y cuándo no), el apoyo a manifestaciones ilegales, las opiniones contra la sentencia del caso Marta del Castillo… La razón de la ley y del derecho queda sometida por estos partidos -y cada vez más por la opinión pública- a los cambiantes vientos del sentir de una masa orientada interesadamente por quienes deberían defender y respetar la actividad del poder judicial, cuando no hay razones procesales objetivas para opinar en contra. Esto me da más miedo que la admisión de la izquierda abertzale en el Congreso de los Diputados. Sin embargo, eso que en su día fue más escandaloso en las conciencias de algunos (cuando algunos incluye a las víctimas del terrorismo), la llamada “izquierda”, que ahora no hace más que quejarse, calló con un silencio complaciente, o bien se manifestó satisfecha por lo dictaminado por el Tribunal Constitucional.
Incoherencias y contradicciones que me dejan, como ciudadano, bastante desorientado a la hora de emitir un juicio bienintencionado acerca de la función pública de los políticos, de uno y otro lado, que se supone que buscan el bien de la nación y no el propio.

Saturday, March 26, 2011

Encontrarás dragones

Ayer vi en el cine una película como hace tiempo que no veía ninguna. Se trata de una película sabia: una de esas películas que hay que ver una vez y que después hay que dejarla madurar en el pensamiento y en el corazón, hasta que su mensaje decida crecer en nuestro interior. Una película que enseña a vivir.
Es una película que algunos atribuyen al Opus Dei, otros dicen que va sobre el Opus Dei, otros sobre san Josemaría… que cada cual diga lo que le plazca. Yo digo que es una película muy bien hecha, con una técnica muy cuidada en cuanto a los planos, la fotografía, la ambientación y decorados, el vestuario, el ritmo… alcanzando momentos quizá poéticos. Una película que no aspira a recrear con la acción del argumento, sino a deleitar el alma con la profundidad de su mensaje.
Véanla y descubrirán un universo simbólico, un escaparate de la condición psicológica humana, un retrato del abismo interior que todos llevamos dentro y al que de vez en cuando nos asomamos, con extraña inquietud, para descubrir el vértigo que produce la altura de nuestra naturaleza y a la vez su bajeza. Para descubrir dragones, pero también ángeles.
En cualquier caso, una película que asombra porque reivindica el perdón, la esperanza de la reconciliación, la posibilidad de la redención. La manera en que nuestras acciones libres pueden salvar o perder vidas, elevarlas o hundirlas.
Sí, san Josemaría es un reclamo morboso para sus detractores, también la guerra civil del 36, pero lo primero no es más que un contrapunto (ficticio, todo sea dicho, puesto que ese personaje no es el san Josemaría real) de la historia principal; y lo segundo un marco circunstancial donde desplegar la tesis de su autor, sin pretensiones históricas, aunque muy logrado artísticamente y, a mi parecer, respetuoso con la sensibilidad actual hacia las facciones de la contienda.
Por todo ello, una película que merece la pena, siempre y cuando no se vaya a verla con pretensiones espectaculares, sino como lo que es, una película de autor, una obra de arte para reflexionar, de esa forma que sólo la estética consigue, acerca de nosotros mismos. 

Wednesday, November 10, 2010

El Papa en España


Enciendo la tele. Me encuentro el despliegue mediático, policial y político de la visita de Benedicto XVI. Mucha gente y mucha alegría. Palabras a favor de la libertad religiosa, gestos de concordia y de esperanza en una sociedad castigada por la crisis económica y por la desconfianza en un prójimo de intereses dudosos (especulación, corrupción, oportunismo, y quizá un etc. a gusto del lector). Y una muchedumbre que sonríe, que canta, que baila, que habla con gozo, que pronuncia palabras de sincero cariño hacia otra persona.
Soy católico y practicante. Y no termino de salir de mi perplejidad al ver que me contagio de alegría optimista al experimentar júbilo viendo la tele. Júbilo, sustantivo que señala una realidad que los hombres del siglo XXI, a pesar de nuestro progreso, apenas vislumbramos, como si se tratase de una quimera inexistente en la que no merece la pena creer.
Y me siento yo mismo jubiloso. Y pienso en dar las gracias a los periodistas y profesionales que han conseguido despertar esta sensación casi inédita con su trabajo bien hecho. Y doy las gracias, pues, con esta carta y lo hago con cariño, pues con cariño han cubierto el viaje del Papa. Gracias por divulgar lo más informativo de la visita pastoral de Benedicto XVI: descubrir que los españoles seguimos con capacidad de querer a los demás, incluso en los medios de comunicación.

Sunday, April 18, 2010

Más vale hambre que nunca


No es necesario ser Einstein para darse cuenta de que algo huele a podrido en la política nacional. La putrefacción se deja notar en todos los medios de prensa diaria, pero no porque proceda de ellos (lástima que el ejercicio del periodismo se haya convertido en un dispensador de cieno), sino de las instituciones de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Muestra de ello serían los últimos escándalos de corrupción política, las querellas contra Garzón, el Estatuto de Autonomía catalán, el Tribunal Constitucional, el apoyo del Gobierno a los que dificultan la separación de poderes democráticos… No obstante a no tener que ser Einstein para caer en la cuenta de los efluvios públicos, parece que es ahora cuando la sociedad se empieza a sensibilizar con estos "extraños" de la vida institucional española.
Hay un refrán que dice que cuando el hambre acucia se agudiza el ingenio. No es que ahora la situación esté peor, sino que las cabezas -¡que hay que ver cómo estaban!-, al menos algunas de ellas, han empezando a razonar y a darse cuenta de que el Gobierno de Zapatero carece en muchas ocasiones de lógica y es, sin embargo, rico en contradicciones. La inteligencia, aun dormida por tiempos de vacas gordas, es capaz de resurgir de su sueño y arremangarse para ver si faenando un poco consigue encontrar alguna solución a aquello que al sentimentalismo ramplón del Gran Hermano supera hasta la desesperación.
Cuatro millones y medio de parados, estómagos vacíos, inseguridad en los ingresos, falta de garantías para la conservación de la calidad de vida, han conseguido que la gente deje de volver la cara a lo que ya desde el principio venía oliendo mal y comiencen a sospechar de la salubridad de una legislatura que parece ocasionar más problemas de los que soluciona.
Estamos en una sociedad en la que pedimos responsabilidades por todo lo que pasa. ¿Pediremos responsabilidades al Gobierno? Sí, habrá que hacerlo, y lo hará la historia. Pero ya va siendo hora de que nos demos cuenta de que si nuestra democracia no va bien es por culpa de los que hemos vuelto la cara a los abusos de poder, permitiendo con el silencio y la pasividad que algunos hayan hecho lo que les ha dado la gana.

Sunday, January 17, 2010

traiciones y tradiciones


Escuchar a Teresa Fernández de la Vega hablar de respeto a las tradiciones chirría tanto como escuchar a Ben Laden haciendo un alegato a favor de la paz internacional o a Fidel Castro reivindicando las libertades individuales y los derechos humanos. Un imposible metafísico.

Sin embargo, yo y muchos más, todo el que viera los informativos del viernes, pudimos escuchar las declaraciones que el viernes hiciera la vicepresidenta en rueda de prensa justificando la asistencia de Zp a una mañana de oración en Guasinton (guasa sin ton ni son) invitado por el idolatrado Oh! bama. Y decía la ínclita que ellos –los americanos- tienen unas tradiciones muy distintas de las nuestras y que hay que respetarlas.

Me agarré al sillón, porque la tal señora, representante de zal gobierno, lleva dos Zegislaturas cargándose a golpe de ley las tradiciones del país, a saber, formación religiosa en las escuelas, matrimonio, familia, tabaco, trabajo -
¿por qué no decirlo?- unidad territorial, y el propio concepto de España, que tiene por detrás una larga tradición histórica (la Historia de España). Sencillamente incomprensible. Respeta las tradiciones de su vecino y destroza las nuestras, las suyas.

¿Sabe Fernández de la Vega qué es una tradición? ¿Sabe Fernández de la Vega cuáles son nuestras tradiciones, tan distintas de las estadounidenses?

No comprendo por qué hay que respetar a unos y eliminar a otros (o enviar al margen, marginar). No comprendo qué depravación moral puede dar lugar a semejantes contradicciones, que por agravio comparativo, me ofenden.

Si es cazap o capaz de explicarlo que lo haga, pero sin enviar a una prepotente Pajín, que habla en los medio de comunicación a los españoles como desafiándonos, a la defensiva tal vez de nuestro sentido crítico que de antemano piensa ella que ha de estar a la contra (por algo será). Que hable Fernández de la Vega y lo explique, vaya o no vaya Zp a su desayuno gratis de huevos con beicon, y que dé la cara, esa tan dura que tiene para decir que tiene unos principios pero que si no les gustan (a los yanquis) tengo otros. Es una cuestión de dignidad pública.

Saturday, July 11, 2009

Curioso


Cito a Aristóteles (Ética): "si los razonamientos bastaran para hacer buenos a los hombres, los compraríamos a cualquier precio. Pero no es así. De hecho, sirven para estimular a los jóvenes idealistas y a las personas nobles; en cambio, resultan ineficaces para corregir la conducta de la mayoría, que no se aparta del mal por vergüenza, sino por temor a la ley. Porque la mayor parte de los hombres viven a merced de sus pasiones".

No sé por qué me suena a actual.

Wednesday, February 18, 2009

Autobús ateo


Esto de la crisis económica da que pensar. Estamos todos los españoles muy descontentos con la reducción de la calidad de vida tan estupenda de la que hemos disfrutado, y de la que en realidad seguimos disfrutando, y es que parece no haber en estos tiempos nada tan irritante como que nos toquen el bolsillo. Los euros han pasado a ser lo que el concepto del honor fue en el Siglo de Oro. Por nuestra nómina somos capaces de batirnos en duelo, e incluso de faltar al respeto y a la educación ya sea en la prensa, en el Parlamento, en las manifestaciones y en cualquier ámbito público o privado que haga falta.

Que nuestra paz interior se pueda ver alterada por una reducción de hábitos placenteros no necesarios para la subsistencia –consecuencia de tener que ahorrar una temporadilla- dice mucho en detrimento de una sociedad sin valores y sin virtudes, que a pesar de la crisis, no nos engañemos, sigue siendo opulenta, con perdón de la expresión.

Sin embargo, la historia de muchos pueblos, unos aún existentes, otros ya extinguidos, nos da una idea distinta del valor de la vida humana y de la existencia. Un valor no monetario. La vida se ponía al servicio de la sociedad y no de la satisfacción de los propios apetitos. Así, los ciudadanos atenienses se debían al ejército para servir a su ciudad, pero dejaban la lucha armada para cultivar el campo y recoger la cosecha. Los hombres más capaces de las sociedades medievales se dejaban la vida en la guerra. No tan lejano en el tiempo quedan los reclutamientos voluntarios en los Estados Unidos durante las guerras mundiales. ¿Qué valía, pues, la vida de una persona que se podía sacrificar en un combate de la forma más precipitada e ignorada? Un ideal. Un proyecto de sociedad que merecía la pena defender. Un remanso de paz para las generaciones futuras. Logrado el objetivo, el remanso de paz se pudre como el agua estancada y todo lo que en ella cae. ¿Así se pudre nuestra gente? ¿Qué hay hoy por lo que el hombre más preparado intelectual y técnicamente de la historia se aventure a entregar la vida? ¿El placer, la ausencia de dolor, el egoísmo en definitiva?

Probablemente Dios no exista, así que deja de preocuparte y disfruta de la vida. Ese puede ser nuestro valor más excelso hoy, lo dice Dawkins y el transporte urbano. Pero hay quien cree en Dios, lo deja todo por Él y su vida es la única epopeya en favor de los demás que se ha escrito en nuestra cultura hedonista: el inconformista o el santo, según se mire. Pregunto al ateo en crisis: ¿seguro que es más feliz el que se queja por los euros que el que tiene un motivo para empeñar su existencia? Aunque sea a efectos prácticos, no merece la pena dejar de preocuparse para disfrutar de la vida, no al menos en el sentido del bus urbano.

Wednesday, November 26, 2008

¿Y tú de quién eres?


Ayer leía en el periódico que una madre se enfrentaba a una sentencia de cárcel por haber pegado una bofetada a un menor (su hijo), porque no quería hacer los deberes. Según la reseña se trata del clásico tortazo, no piensen en grandes palizas ni otras violencias. Y pregunto, como lo hacen en los pueblos: niño, ¿tú de quién eres? Por lo que se lee, parece que el menor es del Ministerio Público que pide la pena de cárcel para esa señora. No es el hijo de su madre, sino un menor del Estado español. ¿Por eso papá Estado defiende a su menor de las medidas adoptadas por una represiva madre que pretende ejercer su derecho a educar?

En el fondo del asunto parece estar la noción de “ciudadano”. El menor es un ciudadano y como tal, es amparado por la justicia, aunque ni él, ni su padre hayan puesto denuncia alguna, sino el centro escolar donde está matriculado. Todo ciudadano tiene este derecho, aunque todavía se esté gestando en el vientre de su madre, ya que en ese caso puede incluso recibir una herencia. Bueno, en realidad puede recibir una herencia, pero se le puede negar el derecho a recibir la vida, y ya recibida, incluso a nacer, aunque ese es otro asunto. A lo que iba, el ciudadano es del Estado y es el Estado el que lo defiende hasta de sus padres. ¿Razonable? Sí, pero desde un punto de vista meramente jurídico, pues en la vida real, el ciudadano es una persona y después todo lo demás.

Entonces ¿se puede pensar que hay algún interés escondido detrás de que dejemos de ser personas, es decir, Fulanito, de Menganita y de Perentano, para pasar a ser ciudadanos “menores” del Estado Español? Algo puede tener que ver el socialismo centralizador que nos gobierna y que ha logrado -con esfuerzo de años- hacer a los españoles sumisos ideológicamente a sus propuestas de ley. Sí, y no salgo por peteneras, porque según esta lógica, si ante todo se es ciudadano y no persona, en lugar de conciencia, lo principal que se tiene es un voto; luego en lugar de educar para formar la conciencia habrá que educar para orientar el voto. A esto se le denomina “propaganda” y desde ahora también Educación para la Ciudadanía, un arma estupenda para crear un marco de referencia de valores que coincidan con los contenidos electorales que en un futuro el socialismo les propondrá para que voten y para que abominen de todo aquello que sea peligroso para su anquilosamiento en el poder, ya sea porque active el pensamiento o porque les muestre la belleza de la libertad: la autoridad de los padres, el prestigio del profesor, el conocimiento de la historia, la lectura de los clásicos, la práctica religiosa, la adquisición de virtudes, el amor y respeto a la vida, etc.

El absoluto control que un Estado socialista pretende sobre todas las cosas (incluyéndose en este concepto a ciudadanos, ya que no son personas, ni tampoco animales, espero) está muy en contra del sistema educativo que, sin embargo, refuerzan con la polémica LOE: hacer que sea el alumno quien cree sus propios conocimientos con la mera observación y orientación del educador. Ellos dicen eso para la educación oficial, porque viste muy bien ser progresista en educación, es decir, aplicar teorías sin demostración real, con resultados patéticos en cuanto a la falta de conocimientos (como indica el informe PISA) y de abandono escolar, y no obstante ejercen una política de ideologización totalmente conductivista, en la que se suspende (cate, cero patatero, fracaso) con la exclusión social al que no repita su credo psoecrático. ¿Contradicción? Quizá menos de lo que parece: ignorancia y adoctrinamiento ideológico van de la mano.

Un buen bofetón a tiempo me parece por eso una medida educativa , a veces, muy importante, más que por su efecto inmediato, por el trato personal que significa. Antes de tomar conciencia de su ciudadanía, el niño debe conocer su valor como persona, como un alguien único, querido por lo que es y no por el voto que supone, y esto es verdaderamente difícil si no se le puede corregir. A muchos nos han dado un bofetón de pequeños y pienso, sin temor a equivocarme, que mi trauma, en caso de que lo haya habido, será siempre menor que el que posiblemente me hubiera creado ver a mi madre en la cárcel por intentar darme educación.

Thursday, November 08, 2007

Arrojo y valentía


El valor parece haber sido uno de los más característicos adornos del hispano medio. Concretamente esta tarde he releído ese pasaje del Quijote en el que Alonso Quijano pierde la cabeza con libros de caballerías, episodio ilustrado por un grabado en el que nuestro hidalgo más famoso blande una espada en alto y asesta con abigarrados aspavientos golpes al aire, en busca del bigardo agresor que intenta apresar a una indefensa doncella que le implora su ayuda. El agresor era imaginario, sí, pero terrible y real para Don Quijote, lo que demuestra su arrojo y gallardía, ya a su edad y con su cuerpo tan enclenque.

No he podido menos que asociarlo de modo inconsciente a ese otro episodio sucedido en un metro de Madrid en el que un individuo sinvergüenza asesta golpes y una tremenda patada a una pacífica chica que no había hecho más que tener rasgos americanos. Mucho se ha hablado de esta chica y de su brutal agresor, pero yo no he oído todavía nada acerca de un joven que presencia toda la escena y que ni se inmuta. Permanece sentado, mirada al frente, como un pusilánime, acobardado, que no asiste a la víctima en ningún momento, ni siquiera cuando el xenófobo ha bajado del tren. Me resulta un penoso ejemplo de cobardía.

No hace mucho que escuchaba ¡qué estamos haciendo con la juventud! Esto. Agresores y pusilánimes. Una sociedad de violentos y de tímidos, de descerebrados y de individuos que cometen todo tipo de abusos de omisión, de silencio injusto, de dejadez de derechos, de indeferencia ante la injusticia. No es un caso aislado, se trata de un caso ilustrativo de los que pasa entre los chicos y chicas de toda una generación, no hay más que ver lo que pasa por las aulas de la enseñanza pública y privada.

La violencia ha sido un factor muy usado por el mal desde siempre, sin embargo la cobardía no es rasgo característico de la juventud. No actuar o no pronunciarse respecto de un evidente mal, solo puede explicarse si se considera el bien particular y egoísta de cada uno por encima de la justicia, el bien y la paz social, en resumen, por carecer de magnanimidad. Virtudes y vicios que animo a la juventud a buscarlas por los diccionarios y novelas de nuestra rica cultura literaria, pues vivir unas y evitar otros, sin duda llenarán sus vidas de un plenitud y de una felicidad imposible de suplir por la PlayStation o el alcohol.

Friday, June 08, 2007

Firmeza


Últimamente se escucha mucho esta palabra en la boca de los socialistas que, para bien o para mal nos gobiernan, y como es una palabra que tiene que ver con el vigor, y como uno de mis últimos artículos versaba sobre este, escasa virtud, me he decidido a escribir sobre la tal palabra.
Porque resulta que me sorprendió escuchar que el tal gobierno afronta situaciones problemáticas –las creadas por ellos mismos, por ejemplo con el cansino asunto problemático de ETA, o con la dimisión de su candidato por Madrid- con firmeza.
Porque resulta que desde que me sorprendió esta dichosa palabra, me la he ido encontrando en las explicaciones de Pepiño Blanco, en las de nuestro castizo Zp, al que le faltó agarrarse los pantalones y subírselos hasta los sobacos, con ese gesto torero y esa mano derecha subibajante con la que pontificaba desde el ambón.
¿Firmeza? Firme era el gobierno que quería, para bien o para mal, su antecesor José María, y firme es la posición que, para bien o para mal una vez más, adoptó su opositor Rajoy con el asunto de no negociar con asesinos. Firme es una palabra que carece de sentido emplear si no se dice en qué posición uno se mantiene firme. Firme es una palabra que se está empleando ahora, cuando se reconoce un error, o cuando éste se acaba de evidenciar. Es decir, ¿firme en el error? Mucho me temo que el Gobierno zapaterista no quiera indicar dónde se quiere mantener firme, porque si lo dijera quedaría como si fuera un perfecto palurdo: tendría que reconocer que pese a estar equivocado sigue firme. O es eso, o mucho más me temo que esos socialistas que nos gobiernan empleen repetidamente esa palabra y no signifique lo que ellos piensan.
Firmeza, tal y como lo dicen nuestros gobernantes, parece asimilarse a esa expresión tan coloquial de no apearse del burro. Así, que no nos apeamos del burro –dirán ellos-, porque para eso somos más chulos que nadie los socialistas, así, con ese brazo derecho sibibajante, con esa estrafalaria pose torera, que para eso los otros son los radicales que no se apean del burro ¡hombre!

Friday, May 18, 2007

La intimidad


El hombre es un ser con intimidad. Todo el mundo tiene intimidad. De hecho, uno de los derechos fundamentales de la persona es el de que su intimidad sea respetada y custodiada.
Cuando algo es íntimo sólo es comunicado a aquel a quien uno quiere, pues lo íntimo es aquello que sólo uno conoce y solo es revelado cuando existe una voluntad de hacerlo. Así, nuestros pensamientos, nuestras opiniones y lo que en conciencia valoramos como bueno y como malo, es tan interior que ni siquiera con violencia física nos lo pueden arrebatar, si no queremos. En eso precisamente se fundamenta la libertad de las conciencias (se trata del famoso grito de Braveheart: “nos podrán quitar todo, pero jamás nos podrán quitar la libertad”).
Ahora bien, lo que es íntimo no es solo aquello que existe en nuestra mente o en nuestro sistema interno de valores. Es íntimo todo aquello que influye directamente en nosotros, en nuestros modos de ser, en nuestros modos de pensar. Es íntimo, pues, todo aquello que percibimos y que es la fuente de gran parte de nuestro conocimiento.
Es íntima nuestra agenda personal, es íntima nuestra familia, lo que sucedió anteayer en la cena, el problema que tiene mi hermano mayor… en definitiva, es íntimo aquello de nuestro entorno que estimula de modo especial nuestros sentidos, a través de los cuales vamos fijando un sistema de coordenadas en el que estamos a gusto, en el que contamos las cosas en intimidad, porque la influencia entre los que lo conforman es mutua (la relación entre hermanos, la relación entre los cónyuges, la relación entre los amigos…).
Claramente, nada puede ser querido que no sea conocido. De ahí el que haya ciertos asuntos, como ya hemos dicho, que no los demos a conocer a cualquiera. De hacerlo cabría la posibilidad de que todos desearan algo nuestro, de modo que ya no es algo compartido en exclusiva por los conocidos, sino que incluso gente que ni se sospecha que exista puede estar manipulando o manoseando.
A nadie le gusta, si no es por venderse en un programa televisivo, que algo que estima como muy importante, esté en boca de cualquiera, sea tema de conversación en la peluquería, etc. Lo íntimo en cuanto pasa a ser público ya queda violado, ya no se puede guardar en exclusiva para nadie, ni siquiera para nosotros mismos.
En este sentido nuestro cuerpo no puede escapar de la intimidad. Precisamente es a través de nuestro cuerpo por donde conocemos y por donde somos conocidos. Si al cuerpo no se le da el respeto debido, la persona entera se resiente: no se resiente el cuerpo, te resientes tú. Cuando no se respeta el cuerpo es la persona la que no es respetada.
Ocultar el cuerpo a los sentidos de otro o de otros, es una manera muy legítima de hacer valer nuestra dignidad humana, porque el hombre es un ser íntimo, que puede ocultar cosas y darlas solo a quien quiera y cuando quiera. Perjudicaría su libertad personal y su capacidad de darse en exclusiva el que ha perdido su intimidad, también corporal, pues ya no es algo poseído por un individuo, sino por el público.
Una de las definiciones de amor más clásicas desde Aristóteles es la que incide en el hecho de darse. Este darse sólo puede referirse a aquello que el otro, a quien se da, aún no posee. Si no hay nada que el otro no posea en exclusiva, es difícil que perdure el amor, pues ya no se es el interlocutor protagonista, ya no se es el receptor principal de nuestras manifestaciones.
Mostrar el propio cuerpo, o ciertas partes del cuerpo, e incluso ciertas expresiones de nuestro cuerpo (aunque sólo sea un gesto, una mueca o una sonrisa) conlleva a una voluntad de querer que sea conocido. Y si existe una voluntad, existe un motivo o una intención. De no haber dicha intención la diferencia entre un hombre y un animal sería escasa, pues el animal no se cuida –sea cual sea- de exhibirse pues no tiene nada íntimo, y no posee una voluntad que lo disponga.
Exhibir el propio cuerpo no es una acción trivial como cruzar la calle o atarse los zapatos. Enseñar a otro u otros determinadas partes de nuestro cuerpo tiene una intención claramente provocativa o de llamar la atención, sea o no consciente. De modo que no se trata ya de una cuestión de centímetros de falda, o de una rancia moda chapada a la antigua. No es una mera cuestión de estética o de gusto. Tampoco de bienestar. El bienestar del cuerpo no puede anteponerse al bienestar de la totalidad de la persona, la cual integra algo más que el cuerpo. Por ir a gusto no puedo mostrar a cualquiera aquello que en principio solo debería conocer la persona a la que uno se quiere entregar, al amor de mi vida, con el que comparto mi yo personal. Ama poco quien muestra mucho.
Es desagradable también para los que no desean descubrir la intimidad de otros, el tener que recibir continuas imágenes de determinadas partes del cuerpo, incluso en situaciones rutinarias como el trabajo, en la calle, etc.
Vivir este pudor ayuda a identificar las potencias humanas con su modo de ser, alcanzándose el equilibrio que trasmite la paz interior y el bienestar supremo, a la vez que un refinamiento del gusto y de la sensibilidad, así como una mayor expresión de la libertad y del autodominio.
Quien va perdiendo su intimidad, se puede decir que va dejando de ser persona. Exhibir el cuerpo es exhibir el propio mundo interior, nos hacemos públicos y dejamos de poseernos y de tener el dominio y control de nuestra imagen. La falta de pudor y de recato en una simple mirada nos hace cómplices de una reacción en otro sujeto que pasa a ser parte de su intimidad. Hemos entrado en la vida de otro y el otro ha empezado a estar presente en nuestra vida. Ninguna cabeza bien amueblada abriría las puertas de su casa al primero que pase por el portal ¿por qué se piensa entonces que es natural ir con las carnes al aire? Sólo me lo puedo explicar si no consideramos distinción alguna entre un animal y un hombre.

Monday, May 07, 2007

Héroes


“Ni cogeré las flores,/ni temeré las fieras,/y pasaré los fuertes y fronteras”. (Cántico espiritual).
Quien dice esto es San Juan de la Cruz y la obsesión que le llevó a tan audaz búsqueda fue la unión con Dios y la ejecución de su amorosa voluntad (en este caso la reforma de la orden carmelita ya iniciada por Santa Teresa de Jesús).
Se podría pensar que tal pretensión no pasa de ser una machada, si no fuera porque la llegó a realizar. Más, viniendo de un hombre, español, y del siglo XVI, para mayor socarronería. Y más aún, siendo el lector de estos versos un individuo del siglo XXI, ya experimentado (por las teleseries y por la realidad que las imita) en cómo se las gastan las promesas de fidelidad procentes del género masculino.
Bien sabía San Juan que lo que escribía no era fruto de un ardor místico, ni de un arrebato pasional. San Juan vivió esta búsqueda cada uno de sus corrientes y fastidiosos días. Ya fuera huyendo de sus perseguidores, ya fuera en prisión, ya fuera escapándose de esta o lidiando con los monjes críticos de los conventos donde fue prior. Para cada día tenía su plan, tenía objetivos personales y concretos de mejora, asuntos prácticos en los que hacer vivir a los suyos la ortodoxia de la reforma... San Juan no fue santo a base de arrebatos, sino de lucha, de lucha cotidiana y fatigosa y de reflexión constante.
Tampoco es que hiciera esto porque no le gustase entretenerse con sus gustos. Si escribe que no cogerá las flores es porque sabe bien lo que cuesta no cogerlas. Y si dice que no temerá las fieras, bien consciente debía ser del miedo que produce encontrarse con una de ellas y del daño que pueden causar.
No, San Juan no era un marciano, pero tenía un ideal, algo por lo que arriesgar la vida, algo por lo que tener en nada las propias apetencias y los miedos, día tras día.
En nuestro agetreado siglo XXI ¿no estaremos echando de menos ideales, proyectos por los que arriesgar la vida y hacerla producir? ¿Acaso alguien dirá que en nuestra política, en nuestras instituciones, en nuestras escuelas y universidades, se puede plantear un ideal sin que lo llamen radical o extremista?
Así tenemos las calles llenas de mediocridad, con jóvenes ocupando una tarde de fiesta, en Baeza, por ejemplo, donde leí estos versos escritos en una moldura, discutiendo en el tranco de un portal, sobre quién liaba un porro -como el que se estaban fumando- más rápidamente.
Para recoger esas flores y pasarme la vida paralizado, escondido de las fieras que me separan de la felicidad, en el idilio de la droga; para eso, prefiero ser un radical, si es con esa palabra como ahora designan a esos a los que de siempre se les ha reservado el título de héroes.

Tuesday, April 17, 2007

Vigor


El joven Davie se zambulló en la madrugada de un día corriente, cuando aún no se había apagado la última estrella, en una profunda poza del arrollo. Tras su vigorizante baño se dispuso a reflexionar sobre su situación antes de acometer el día.

Vigor y reflexión, dos virtudes decimonónicas con que Stevenson quiso adornar a los héroes de sus novelas, como a David, en Secuestrado.

Supongo que en aquella época, no era tan raro espabilarse cuanto antes y, tras haber pensado, iniciar las múltiples pequeñas minucias de cada día, como quien hace algo importante. Es bastante probable que en este tiempo encontremos un día cualquiera, en cualquier aula de Educación Secundaria, de Bachillerato e incluso universitaria, chicos en la flor de sus capacidades que más que el vigor parecen buscar un sedante, algún anestésico que reduzca a la mínima posibilidad dentro del estado de consciencia la percepción de la realidad. Los ambientes matutinos de nuestro siglo veintiuno son lo más parecido a los habitantes del mundo feliz de Huxley. Gente sonámbula, que no quiere sentir porque no tiene nada que ganar, porque no quiere ganar nada. Que desperdicia y desprecia el tiempo que le ha tocado vivir... de domingo a viernes. El vigor, la fortaleza, se necesita cuando se quiere alcanzar algo valioso. ¿Quién quiere fuerza si no encuentra nada por qué esforzarse? ¿Qué valores se presentan a estos jóvenes en las aulas y desde las instituciones? En el día a día, los jóvenes ya no saben que hay cosas valiosas que ganar, solo se espabilan artificialmente para los viernes o sábados por la noche, para lograr el goce de unos instantes, lo demás es dejar pasar la vida, una vida que angustia, que hastía que es como el spleen romántico. Este mundo (el de un miércoles de abril) es como un camino para el otro -nada más medieval-, el falso mundo de la alucinación, de la fantasía y del desenfreno. ¿Quién puede ser feliz viviendo en semejante engaño, en un simulacro de paraíso que necesariamente será frustrado por el dolor?

Las viejas novelas –como la de Stevenson- nos enseñan que la aventura puede estar detrás de los hechos más vulgares, que la felicidad suele estar esperándonos en el momento menos pensado, inesperadamente: sin buscarla se nos presenta de pronto, en forma de amor, de un pequeño detalle, de una sonrisa, de un libro, de una conversación, como una oportunidad exclusiva. Hay que estar preparado para ese encuentro, y para eso es necesario el vigor y la reflexión que permitan hacerse cargo de la propia situación. Reflexión y fortaleza, dos virtudes necesarias para comprender todos los misterios y tesoros de la vida, vida -la de tantos jóvenes-, que normalmente suele ser muy corriente.

Saturday, December 11, 2004

Fe y razón

Me he quedado gratamente sorprendido del interés creciente del Gobierno por la asignatura de religión en los colegios españoles. No entraré al debate de si es conveniente evaluarla o no. Lo que me ha llamado la atención es la medida de que sean los filósofos los que impartan la nueva “Historia de las civilizaciones”. El nuevo Gobierno ha sabido resolver muy bien un problema teórico, al que el propio Juan Pablo II ha tenido que dedicar una encíclica, pues los intelectuales aún no se aclaraban. El Gobierno va a tajar de una vez por todas la polémica, dándole un respaldo oficial a la opinión de que la fe y la razón no se contradicen, es por ello que serán los filósofos los que tengan que explicar la historia y evolución de la fe y de las creencias de los pueblos, sus distintas religiones, la revelación, la Biblia, las costumbres y ritos, la expansión providencial del cristianismo y la humanamente incomprensible historia de la Iglesia Católica, la ley natural y divina, y su fundamento sobrenatural… por hablar de lo que nos coge más cercano. Me pregunto qué opinarán los profesores al respecto.
En fin, se ve que el Gobierno de ZP tiene remedio para toda clase de errores, y que desde su laica sede aconfesional, está capacitado para mediar en todo lo divino y humano. Como un buen padre de familia (tradicional), sabe lo que conviene a sus ciudadanos y les impone el tipo de educación más conveniente para sus hijos, que el mundo es mixto y complejo, y no estamos como para que nadie elija.
Deseando que sigan adelante con sus propias contradicciones, a ver si nos duran poco en la Moncloa, me despido.